He vuelto a buscarte y solo tu recuerdo vela
entre viejas paredes que remedan la tarde.
Aquella gris de otoño con su verdor cobarde,
que en lamentos de ausencia va dejando una estela.
Indiferente pasa ese viento en la llanura,
y arrastra con bravura mi inútil agonía.
No quiero que sepultes nuestro amor, todavía,
invierno de mis noches de gélida premura.
Hoy mueren de tristeza las rosas en el huerto.
También se va muriendo nuestro amor consagrado.
Quién hubiera predicho, que estaría olvidado,
cual página del libro que se ha quedado abierto.
Hoy miro la cortina que azota la ventana,
la ráfaga malsana de este invierno inclemente.
Y en los blanqueados copos de la nieve temprana,
va muriendo un latido. Despacio, lentamente.
entre viejas paredes que remedan la tarde.
Aquella gris de otoño con su verdor cobarde,
que en lamentos de ausencia va dejando una estela.
Indiferente pasa ese viento en la llanura,
y arrastra con bravura mi inútil agonía.
No quiero que sepultes nuestro amor, todavía,
invierno de mis noches de gélida premura.
Hoy mueren de tristeza las rosas en el huerto.
También se va muriendo nuestro amor consagrado.
Quién hubiera predicho, que estaría olvidado,
cual página del libro que se ha quedado abierto.
Hoy miro la cortina que azota la ventana,
la ráfaga malsana de este invierno inclemente.
Y en los blanqueados copos de la nieve temprana,
va muriendo un latido. Despacio, lentamente.