Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo una soledad abierta
en concilio de debate y espera.
Se hace compañera impía.
Amante celosa.
Dobla su espalda de mentira, y
me ahoga en el estrecho cuello del océano.
En las desiertas playas de arena
me abraza y ríe,
ríe con rigor de calaveras.
Me ama con pasión de arpía venenosa,
juega con mi ilusión de horqueta y
en sus gestos muestra la convivencia.
Tiene gélida piel que emana
aliento de sepulcro en mi prosa.
Me otorga reposo de galeones,
tesoro de piratas en arcones,
hundidos en brazos del mar.
Con ojos perdidos me mira.
De un lado al otro tambalea y
se inclina hacia la brasa.
No conoce el fuego ni el cariño.
Su abrazo es de rosa tinto,
y con su lagrima de pálida roca
lo intenta, me seduce.
Me hace el amor en el bosque donde el frío abraza.
en concilio de debate y espera.
Se hace compañera impía.
Amante celosa.
Dobla su espalda de mentira, y
me ahoga en el estrecho cuello del océano.
En las desiertas playas de arena
me abraza y ríe,
ríe con rigor de calaveras.
Me ama con pasión de arpía venenosa,
juega con mi ilusión de horqueta y
en sus gestos muestra la convivencia.
Tiene gélida piel que emana
aliento de sepulcro en mi prosa.
Me otorga reposo de galeones,
tesoro de piratas en arcones,
hundidos en brazos del mar.
Con ojos perdidos me mira.
De un lado al otro tambalea y
se inclina hacia la brasa.
No conoce el fuego ni el cariño.
Su abrazo es de rosa tinto,
y con su lagrima de pálida roca
lo intenta, me seduce.
Me hace el amor en el bosque donde el frío abraza.