Eladio Trigo
Poeta fiel al portal
AMOR DE UNA NOCHE.
No se como ocurrió, solo paso y,
después de hablar, de reír, de beber,
nos miramos, y el sudor incluso en
esta noche helada, brotaba de nuestros
cuerpos, cuerpos hambrientos que en
silencio quedaron exhalando un aroma
de insaciable codicia por hacernos, el amor.
Nuestros ojos hablaban, nuestra boca
callaba, nuestros cuerpos temblaban,
se paro el tiempo, se encendió el fuego,
se desnudo nuestra pasión, se juntaron
nuestra piel, se unieron la ansiedad y
el placer, surgió de nuestras miradas.
Tus manos, mis manos, recorrieron
lo más prohibido deseado y, nuestros
labios descubrieron los secretos más
escondidos, cual voces que musitaron
de nuestras almas, desafiaron a la noche
silenciosa que dichosa, nunca escucho
tan bella melodía como la que con
nuestro amor, la noche, se extasiaba.
Susurros que fluían asadamente de
nuestro ser, peregrinaban con tanta
sutileza por el espacio oscurecido que,
esbozando nuestros gemidos y, suspiros,
colmamos de una pureza desmesurada,
a la caprichosa vida por nosotros deseada.
Y al acabar esta unión de dos cuerpos en
uno, nos perderemos cada uno en nuestro
mundo, pues quizas no volvamos a vernos y,
solo en nuestros corazones quedara grabada,
una noche que, nunca nada ni nadie difuminara,
noche que juntos, oscuramente nos amamos,
pues con la gravedad de toda fuerza conocida
y hallada te recordare, eterna y deseada.
Eladio Trigo.
10.11.06.
No se como ocurrió, solo paso y,
después de hablar, de reír, de beber,
nos miramos, y el sudor incluso en
esta noche helada, brotaba de nuestros
cuerpos, cuerpos hambrientos que en
silencio quedaron exhalando un aroma
de insaciable codicia por hacernos, el amor.
Nuestros ojos hablaban, nuestra boca
callaba, nuestros cuerpos temblaban,
se paro el tiempo, se encendió el fuego,
se desnudo nuestra pasión, se juntaron
nuestra piel, se unieron la ansiedad y
el placer, surgió de nuestras miradas.
Tus manos, mis manos, recorrieron
lo más prohibido deseado y, nuestros
labios descubrieron los secretos más
escondidos, cual voces que musitaron
de nuestras almas, desafiaron a la noche
silenciosa que dichosa, nunca escucho
tan bella melodía como la que con
nuestro amor, la noche, se extasiaba.
Susurros que fluían asadamente de
nuestro ser, peregrinaban con tanta
sutileza por el espacio oscurecido que,
esbozando nuestros gemidos y, suspiros,
colmamos de una pureza desmesurada,
a la caprichosa vida por nosotros deseada.
Y al acabar esta unión de dos cuerpos en
uno, nos perderemos cada uno en nuestro
mundo, pues quizas no volvamos a vernos y,
solo en nuestros corazones quedara grabada,
una noche que, nunca nada ni nadie difuminara,
noche que juntos, oscuramente nos amamos,
pues con la gravedad de toda fuerza conocida
y hallada te recordare, eterna y deseada.
Eladio Trigo.
10.11.06.