lucianoquilmes
Poeta asiduo al portal
Explícale a tu corazón
que cierta vez,
tendida sobre tu luz que asemeja un sol,
bebí destino del hilo rojo amarrado a tu boca.
Y fueron esos besos con los que soñaron mis tardes de septiembre.
No otros.
Brutal piel aturdiendo células,
te conformé tal cual una estrella de mi cielo,
allí mismo,
titilante.
¡Busqué en las copas tantas veces el adiós difuso de lo nuestro!
Ahora sé que nos dejamos sin intenciones de volver.
Todas las canciones son ecos vacíos de un instante.
Fueron tus manos las primeras, lo prometo.
Nunca un fin tan impreciso.
Ni las llamas quemaron tanto.
Ni una cruz se cargó tanto tiempo.
Y me encuentro hablándole a tu corazón,
tontamente,
como si aún lo conservara.
Como si no hubiera hecho lo imposible,
para yacer junto a él
en el fondo de las sombras.
que cierta vez,
tendida sobre tu luz que asemeja un sol,
bebí destino del hilo rojo amarrado a tu boca.
Y fueron esos besos con los que soñaron mis tardes de septiembre.
No otros.
Brutal piel aturdiendo células,
te conformé tal cual una estrella de mi cielo,
allí mismo,
titilante.
¡Busqué en las copas tantas veces el adiós difuso de lo nuestro!
Ahora sé que nos dejamos sin intenciones de volver.
Todas las canciones son ecos vacíos de un instante.
Fueron tus manos las primeras, lo prometo.
Nunca un fin tan impreciso.
Ni las llamas quemaron tanto.
Ni una cruz se cargó tanto tiempo.
Y me encuentro hablándole a tu corazón,
tontamente,
como si aún lo conservara.
Como si no hubiera hecho lo imposible,
para yacer junto a él
en el fondo de las sombras.