¡Que Agonía!
pasan las horas y los días;
te pienso y anhelo el tenerte
pero el juego de la vida te aleja.
Trato de acercarme en el pensamiento;
no dejo que el olvido te arranque de mí
y lucho por sentirte en cada momento
pues así menguo este tormento
que es el vivir sin ti.
Noctámbulo y meditabundo camino solitario
las calles tantas veces recorridas, ¡parece Mentira!,
me resultan desconocidas, ajenas e infinitas.
Alzo la mirada al majestuoso firmamento,
baño con ella las estrellas en desespero,
queriendo que se compadezcan de mí ser deshecho
y me lleven a ti así sea en sueños.
Escribo y recito éstos y tantos versos,
los riego al cultivo de los vientos
para que en dulce cantar lisonjero y tierno
te hablen del amor que te venera a lo lejos.
Huyo del frío en brazos ajenos,
calmo mi sed en labios que no siento,
me pierdo en el mirar de amores que no quiero,
trato de dibujarte en seres sin rostro
y aún así, sin remedio pierdo mi tiempo.
¡Distancia; Distancia impía!;
¡Bastedad de bastedad que me aniquila!;
¡Extrañeza ésta de la vida, el amarte tanto alma mía!.
Si ésta mi alma vieras,
¡Tantas lágrimas por tu rostro correrían!
pues me abrazo al dolor del cual no reniego
y lo acepto sin remilgo y lo venero.
Son los celos el pan de cada día,
no se si tú los sientes vida mía
pero sucumbo a los pensamientos más oscuros
al imaginar que otras manos, otros brazos, otra alma
tome de ti lo que desesperada mi alma ansía.
¡Que Agonía!
esta distancia tan sufrida
es la causante del amor,
este que desborda mi ser pleno por ti
cada segundo, cada hora, cada día.
Sibelius