Hejaran
Poeta asiduo al portal
AMOR EN EL ACANTILADO
Siempre
que nos citamos
lo hicimos en El Acantilado,
añorábamos este sitio y estábamos
enamorados.
Mientras nos
amábamos, nos deleitábamos
con el sonido del viento estrepitoso
que hacía estremecer nuestros cuerpos,
además de oírse hermoso.
Madurando
este amor, corríamos
alrededor del Acantilado y nuestras
risas se oían como si enarboláramos el frío
encantador y todo lo hacíamos en nombre del amor.
El permanente
paisaje de este acantilado
nos mantenía encantados y nosotros
al Acantilado lo asombrábamos cuando nos amábamos.
Nuestras citas
fueron siempre en este
Acantilado que incrustado en el mar
se recrea oyendo golpear contra sus rocas la marea,
y tiene la manía de oír el piar de las gaviotas, mientras hace parte
del paisaje que se ve en la lejanía.
Además tiene un
sendero inhóspito que le
permite a los enamorados soñar
dentro del mar y ocultos entre sus
picachos se pueden amar, teniendo por testigo
esta mole de piedra y el silencioso mar.
Siempre
que nos citamos
lo hicimos en El Acantilado,
añorábamos este sitio y estábamos
enamorados.
Mientras nos
amábamos, nos deleitábamos
con el sonido del viento estrepitoso
que hacía estremecer nuestros cuerpos,
además de oírse hermoso.
Madurando
este amor, corríamos
alrededor del Acantilado y nuestras
risas se oían como si enarboláramos el frío
encantador y todo lo hacíamos en nombre del amor.
El permanente
paisaje de este acantilado
nos mantenía encantados y nosotros
al Acantilado lo asombrábamos cuando nos amábamos.
Nuestras citas
fueron siempre en este
Acantilado que incrustado en el mar
se recrea oyendo golpear contra sus rocas la marea,
y tiene la manía de oír el piar de las gaviotas, mientras hace parte
del paisaje que se ve en la lejanía.
Además tiene un
sendero inhóspito que le
permite a los enamorados soñar
dentro del mar y ocultos entre sus
picachos se pueden amar, teniendo por testigo
esta mole de piedra y el silencioso mar.
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