Amor en el vecindario.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Nos casamos por la Iglesia,
y entramos en el templo, a la pata coja.
Puñados de arroz llovieron, en el atrio, al salir por la gran puerta.
Los invitados eran 300. Todos, espartanos. Leónidas, su jefe.


Es broma.


Había damas atenienses y manchegas. También, persas e hindúes.
Beréberes y aztecas. Chinas y zulús.
Árabes y aborígenes australianas.
Neanderthales y Australopitecos. Homínidos prehistóricos...




Te besé en la frente. Me ofreciste tu cuello de jirafa.


Salimos volando hacia nuestra Luna de miel, encima de un caballo alado, propiedad de Hércules.
Y yo soy Hércules, ¿ Verdad ?
Leónidas me quiere alejar de esta Divina Comedia.
Nuestro matrimonio es de conveniencia. Uniremos reinos. Castilla y Aragón.


Me sube mucho, la fiebre. Mamá, me siento mal.


Llama a mi vecina...
Dile que la quiero, y que atravesaría truenos y relámpagos, por verla.
Agarrado a una cometa metálica.
De Faraday... Faraday...


Agarrado, yo. Por verla, yo... ¿ Por verla a ella, agarrada a una cometa ? ¡ Ja, ja, ja !
 
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Jajajajaaja leerte es entrar a una dimensión desconocida, jamás se sabe como va a terminar lo que de otra forma inicia, el amor tiene sus pro y sus contra, sobre todo cuando la vecina te hace subir de tal manera la temperatura jajaja, un enorme placer leerte, besos.
 
¡ Gracias, amiga ! Esos amores permanecen siempre, en el recuerdo. Vivos, como los ojos de los abuelos. Echamos la vista atrás, y podemos contarlos, con los dedos de una mano. Porque tuvimos uso de razón. Y obtuvimos un permiso de reproducción. Pero esa varita mágica, nos fue dada más adelante. Hubo que pasar por el filtro de la adolescencia, para llegar a ser jóvenes. Y eso es como el salto con pértiga.


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