Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te miro en la penumbra,
en la línea precisa donde el día se curva
y el tiempo se resiste a morir.
Eres esa grieta entre luz y sombra,
el paréntesis que encierra el instante,
la pregunta que nunca necesita respuesta.
Te toco,
pero no te toco.
Es un juego de espejos rotos,
de manos que cruzan umbrales
y quedan suspendidas,
como palabras que no alcanzan el poema.
Tú, que existes más allá del verbo,
que respiras en un idioma
que sólo entienden los pájaros insomnes
y las hojas caídas de noviembre.
Yo te amo como se ama lo imposible,
con la furia del que sabe que pierde
y la dulzura del que nunca ha ganado.
Es un amor en reversa,
un amor que anda de espaldas,
como quien camina hacia el abismo
sabiendo que el salto es inevitable.
Y cuando te pienso,
te pienso con los ojos cerrados,
porque verte sería perderte,
y perderte sería vivir en la sombra.
Así te amo:
a contraluz,
en la fisura de lo que no puede ser,
donde las sombras tienen nombre
y la luz siempre lleva el tuyo.
en la línea precisa donde el día se curva
y el tiempo se resiste a morir.
Eres esa grieta entre luz y sombra,
el paréntesis que encierra el instante,
la pregunta que nunca necesita respuesta.
Te toco,
pero no te toco.
Es un juego de espejos rotos,
de manos que cruzan umbrales
y quedan suspendidas,
como palabras que no alcanzan el poema.
Tú, que existes más allá del verbo,
que respiras en un idioma
que sólo entienden los pájaros insomnes
y las hojas caídas de noviembre.
Yo te amo como se ama lo imposible,
con la furia del que sabe que pierde
y la dulzura del que nunca ha ganado.
Es un amor en reversa,
un amor que anda de espaldas,
como quien camina hacia el abismo
sabiendo que el salto es inevitable.
Y cuando te pienso,
te pienso con los ojos cerrados,
porque verte sería perderte,
y perderte sería vivir en la sombra.
Así te amo:
a contraluz,
en la fisura de lo que no puede ser,
donde las sombras tienen nombre
y la luz siempre lleva el tuyo.