Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En qué crees, ah, mi alma,
dime en qué lugar comenzó
el camino de la luz.
Cuándo fuimos arrojados,
a través del delirio, hacia la realidad.
La ignorancia es un mito,
la sabiduría, rumiaciones e ideas fijas.
Ah, mujer, compartamos una mirada,
que nos espera la historia.
Solos solo…
En el libre albedrío…
No es el paraíso…
No, es mi voz, censurando doctrinas,
la que ahora habla en pretéritos.
Mi amor por ti, no pude desterrar…
Sentimientos, lo difícil que es razonar…
Y tú perteneciste a mis deseos…
Antes de que se me quemaran las venas…
Ahora…
Puedo.
Puedo.
Puedo…
No poder…
Puedo…
No experimentar…
El colapso…
Porque:
Ya no hay versos que me distingan.
Ya se ha hecho infinita la línea de la vida.
Y tú preguntas por el origen.
El comienzo fuiste tú…
Estos son conceptos difusos…
Tú y yo entramos en el mundo por la puerta de atrás…
Y la gravedad…
Nos parió…
Tú y yo somos siameses de mi poesía.
dime en qué lugar comenzó
el camino de la luz.
Cuándo fuimos arrojados,
a través del delirio, hacia la realidad.
La ignorancia es un mito,
la sabiduría, rumiaciones e ideas fijas.
Ah, mujer, compartamos una mirada,
que nos espera la historia.
Solos solo…
En el libre albedrío…
No es el paraíso…
No, es mi voz, censurando doctrinas,
la que ahora habla en pretéritos.
Mi amor por ti, no pude desterrar…
Sentimientos, lo difícil que es razonar…
Y tú perteneciste a mis deseos…
Antes de que se me quemaran las venas…
Ahora…
Puedo.
Puedo.
Puedo…
No poder…
Puedo…
No experimentar…
El colapso…
Porque:
Ya no hay versos que me distingan.
Ya se ha hecho infinita la línea de la vida.
Y tú preguntas por el origen.
El comienzo fuiste tú…
Estos son conceptos difusos…
Tú y yo entramos en el mundo por la puerta de atrás…
Y la gravedad…
Nos parió…
Tú y yo somos siameses de mi poesía.