Cuando mi madre se durmió
yo creí que volaba en su suspiro;
y de ese vuelo pensé, ingenuo,
que volvería nuevamente,
mas, ay, su viaje fue definitivo.
Apenas desperté del mortal sopor del abandono
me encontré en el vacío insoportable de la orfandad,
sin edad, sin culpa, sin camino,
crudísima sentí la frialdad terrible
del olvido y de la muerte.
Recién entendí, entonces, el infinito amor,
incomparable, ajeno a cualquier otro
sentimiento de este mundo:
que nada puede, que nada vale
sino es ese amor sin condiciones.
La vida continúa y yo me obligo
a aceptar que debo un tributo propio
a amar a alguien como ella amó a todos,
pues no hallo otra justificación a mi existencia
mientras no alcance a coincidir con su vuelo en las estrellas.
yo creí que volaba en su suspiro;
y de ese vuelo pensé, ingenuo,
que volvería nuevamente,
mas, ay, su viaje fue definitivo.
Apenas desperté del mortal sopor del abandono
me encontré en el vacío insoportable de la orfandad,
sin edad, sin culpa, sin camino,
crudísima sentí la frialdad terrible
del olvido y de la muerte.
Recién entendí, entonces, el infinito amor,
incomparable, ajeno a cualquier otro
sentimiento de este mundo:
que nada puede, que nada vale
sino es ese amor sin condiciones.
La vida continúa y yo me obligo
a aceptar que debo un tributo propio
a amar a alguien como ella amó a todos,
pues no hallo otra justificación a mi existencia
mientras no alcance a coincidir con su vuelo en las estrellas.
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