Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si, ¡me fui...!
¡Y me fui a tiempo!
¿Sabes, amigo lo que es,
“meterse uno hasta los huesos”
y luego acabar peleado
y enamorado en un pueblo...?
¡Dios!
¿¡Y verla pasar con otro,
siendo que fuiste el primero!?
¿¡Y entrar al único cine,
y dejarse dar...
un beso!?
¡Verla! en el único bar
pedir el mismo refresco.
¿Y cruzar la única plaza
con un solo abrevadero...
Y encima, sentarse al pie
del único monumento?
¡No!
Para mi mal de amores,
solo había tres remedios:
¡No tener sangre en las venas!
¡Secuestrarla y luego ir preso!
O alejarme para siempre...
Tomé
el apropiado, creo.
Y oí decir muchas veces,
que me tiene en su recuerdo.
¡Pero nunca más la vi!
¡Por dejarse dar... un beso!
Tan mala
acción me convence,
que me fui, ¡y me fui a tiempo!
(Guárdame el secreto, amigo.
Que ni siquiera merece...
enterarse que aún, la quiero.)
...
¡Y me fui a tiempo!
¿Sabes, amigo lo que es,
“meterse uno hasta los huesos”
y luego acabar peleado
y enamorado en un pueblo...?
¡Dios!
¿¡Y verla pasar con otro,
siendo que fuiste el primero!?
¿¡Y entrar al único cine,
y dejarse dar...
un beso!?
¡Verla! en el único bar
pedir el mismo refresco.
¿Y cruzar la única plaza
con un solo abrevadero...
Y encima, sentarse al pie
del único monumento?
¡No!
Para mi mal de amores,
solo había tres remedios:
¡No tener sangre en las venas!
¡Secuestrarla y luego ir preso!
O alejarme para siempre...
Tomé
el apropiado, creo.
Y oí decir muchas veces,
que me tiene en su recuerdo.
¡Pero nunca más la vi!
¡Por dejarse dar... un beso!
Tan mala
acción me convence,
que me fui, ¡y me fui a tiempo!
(Guárdame el secreto, amigo.
Que ni siquiera merece...
enterarse que aún, la quiero.)
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