Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Fue la primera vez,
ésa que solos
esperábamos
la fugacidad de la palabra,
lo húmedo del amor,
fluyendo.
Pero no aparecieron las cosas
que tenían que aparecer.
En su lugar mi casa se convirtió en persona, la tuya.
Y en un rincón diminuto para pensar.
Y en un límite, el último, el alma de los muebles crujiendo otro alma, el de los sentidos.
Porque un ruido, una imagen,
a veces los pide el cuerpo.
Ah, cuánta indecisión.
Si la mente quiere, puede:
Hacer de algo sencillo algo imposible, y viceversa.
Pensar que la verdad está manipulada,
que está todo inventado,
o que todo es una invención, una ilusión.
Sus dominios son vastos,
sus ideas pueden provocar una crisis de identidad.
Lo único claro es que a través de ideas,
consigues la confusión.
Quién es el que ensucia la conciencia.
Ah, el mundo no necesita nada nuestro.
Pero lo que tenemos tú y yo es muy diferente:
Porque los sentimientos no se gastan ni se desgastan.
¿No?
Siempre te veré por lo que eres.
No utilizaré métodos para cambiarte.
¿Sabes?
Solo reproduzco lo que no hice en su momento.
Fue la primera vez,
ésa que solo
esperábamos
la fugacidad de la palabra.
Tu mirada decía cosas que no había sentido…
Cosas que incluso enamorándome…
No podían hacer nada por mí.
ésa que solos
esperábamos
la fugacidad de la palabra,
lo húmedo del amor,
fluyendo.
Pero no aparecieron las cosas
que tenían que aparecer.
En su lugar mi casa se convirtió en persona, la tuya.
Y en un rincón diminuto para pensar.
Y en un límite, el último, el alma de los muebles crujiendo otro alma, el de los sentidos.
Porque un ruido, una imagen,
a veces los pide el cuerpo.
Ah, cuánta indecisión.
Si la mente quiere, puede:
Hacer de algo sencillo algo imposible, y viceversa.
Pensar que la verdad está manipulada,
que está todo inventado,
o que todo es una invención, una ilusión.
Sus dominios son vastos,
sus ideas pueden provocar una crisis de identidad.
Lo único claro es que a través de ideas,
consigues la confusión.
Quién es el que ensucia la conciencia.
Ah, el mundo no necesita nada nuestro.
Pero lo que tenemos tú y yo es muy diferente:
Porque los sentimientos no se gastan ni se desgastan.
¿No?
Siempre te veré por lo que eres.
No utilizaré métodos para cambiarte.
¿Sabes?
Solo reproduzco lo que no hice en su momento.
Fue la primera vez,
ésa que solo
esperábamos
la fugacidad de la palabra.
Tu mirada decía cosas que no había sentido…
Cosas que incluso enamorándome…
No podían hacer nada por mí.