BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se escapa mi vida
sin nombrar una sola palabra
de lo mudo, lo estático o lo plural.
Se escapa. No hay lugar ni corriente
en lo aéreo, ni fórmula tan brillante,
que calme iras, allá en el cielo insolente.
Del día, de sus horas magnéticas, de su imán
benefactor, del campo arrasado por el turbión,
no, no escapa mi vida. De la promesa futura
ni del rencor apaciguado, del triste funeral
con flores ni del amortiguado coro de ángeles
furiosos. Los objetos inútiles, o útiles, las superfluas
cucharas, los terribles monederos donde confluyen
alas y monedas, todo, se escapa. Mi vida, lo que amo,
lo qué amé, el recuerdo, la estampa maldita del cementerio
tan ávido y rencoroso, como inútil. Y la lengua
se enrosca, como una superficie líquida a la que no alcanzaran
rayos ni tormentas, sobre los besos que tan largamente
se ausentan de ti.®
sin nombrar una sola palabra
de lo mudo, lo estático o lo plural.
Se escapa. No hay lugar ni corriente
en lo aéreo, ni fórmula tan brillante,
que calme iras, allá en el cielo insolente.
Del día, de sus horas magnéticas, de su imán
benefactor, del campo arrasado por el turbión,
no, no escapa mi vida. De la promesa futura
ni del rencor apaciguado, del triste funeral
con flores ni del amortiguado coro de ángeles
furiosos. Los objetos inútiles, o útiles, las superfluas
cucharas, los terribles monederos donde confluyen
alas y monedas, todo, se escapa. Mi vida, lo que amo,
lo qué amé, el recuerdo, la estampa maldita del cementerio
tan ávido y rencoroso, como inútil. Y la lengua
se enrosca, como una superficie líquida a la que no alcanzaran
rayos ni tormentas, sobre los besos que tan largamente
se ausentan de ti.®