Último Poeta Maldito
Poeta asiduo al portal
De los vientos lejanos viene el son,
dorado y vibrante por la alba pura,
impregnando de aromas y sazón.
Sonoro y colorido es la natura;
alado y bello, mariposa-flor;
brillante su entraña, estrella desnuda.
Trae la melodía de tu amor;
fresca y pura, tu boca virginal;
besándome a caricias con primor.
Rutila tu pelo rizo, oriental,
prestando la aurora, el oro de miel,
mariposeando primaveral.
Traen tus ojos el hechizo azul,
angélicos absortan todo ser,
volando a los míos, con alas de tul.
Nace tu tez con el amanecer,
rozándome tu mejilla sutil;
rósame la frente el rosa esplender.
¡Oh, amada beldad, lirio gentil!
Acerca tu mano de seda lis
y graba en mi alma tu aura, cual buril.
Dejas mi ser encantado y feliz,
como el trino del ave matinal,
que embelesa al rudo sol en tamiz.
Aquella fuente, cristalina tez,
anuncia el undísono de cristal
suspirando la honda palidez.
Los follajes tremolan el albor,
clareando la penumbra vernal,
prendiendo un lindo cáliz en dulzor.
Los vientos traen la santa canción;
mas la natura le da su rubí,
hálito que exhala tu corazón.
Este que roza la yerba y jazmín,
que revuela entre el color del rosal,
siendo como avecilla en un jardín.
Eréis Gracia de Ormuz, ser del señor.
cáeme de tu sonrisa un rocío
y yo sé que es la gota de tu amor,
que en luz derramase, a mí, amore mío.
dorado y vibrante por la alba pura,
impregnando de aromas y sazón.
Sonoro y colorido es la natura;
alado y bello, mariposa-flor;
brillante su entraña, estrella desnuda.
Trae la melodía de tu amor;
fresca y pura, tu boca virginal;
besándome a caricias con primor.
Rutila tu pelo rizo, oriental,
prestando la aurora, el oro de miel,
mariposeando primaveral.
Traen tus ojos el hechizo azul,
angélicos absortan todo ser,
volando a los míos, con alas de tul.
Nace tu tez con el amanecer,
rozándome tu mejilla sutil;
rósame la frente el rosa esplender.
¡Oh, amada beldad, lirio gentil!
Acerca tu mano de seda lis
y graba en mi alma tu aura, cual buril.
Dejas mi ser encantado y feliz,
como el trino del ave matinal,
que embelesa al rudo sol en tamiz.
Aquella fuente, cristalina tez,
anuncia el undísono de cristal
suspirando la honda palidez.
Los follajes tremolan el albor,
clareando la penumbra vernal,
prendiendo un lindo cáliz en dulzor.
Los vientos traen la santa canción;
mas la natura le da su rubí,
hálito que exhala tu corazón.
Este que roza la yerba y jazmín,
que revuela entre el color del rosal,
siendo como avecilla en un jardín.
Eréis Gracia de Ormuz, ser del señor.
cáeme de tu sonrisa un rocío
y yo sé que es la gota de tu amor,
que en luz derramase, a mí, amore mío.