ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
AMPLIFICANDO, R3D3FINI3NDO, FRAGMENTANDO
Amplificando, me muero, coma a coma,
o con cada punto cruje un poco mi osamenta,
o me duele cada caricia,
o ya no sé qué bilis quieres que vomite,
qué esófagos ocurre:
{
(EMESIS, EMESIS, EMESIS)
(FITOLALIA)
Toda flor en mano es un cadáver. ¿Alguna quiere un ramillete de cabezas, entonces? porque si la muerte es necrótica y su hedor intolerable, ¿cuánto más intolerable es el hedor del cadáver que al muerto se le ofrenda?; y si regalaseis rosas a vuestras vivas, ¿no haríais como Herodes Antipas hizo en contra del Bautista?; y si a vuestra madre regalaseis lirios, acaso, ¿no sería alta traición a la vida?
Por tanto, si cantáis a la flora, no os atreváis a arrancar ninguna cabeza para tomar otra, ni para alabar otra.
(POETA CONTRA POETA)
Yo, los contrapoetas, odiamos la poesía;
la literatura nos parece inútil por lo que nos leemos por obligación;
somos perdedores a propósito
y no renegamos del ego; las musas nos temen;
nos revienta tres veces que nos miren a los ojos
y treinta veces tres que nos hablen;
somos metapoetas, biopoetas, neuropoetas, psicopoetas, méchápóétás, tecnopoetas;
algunos somos horribles, pero nunca tanto;
no creemos en ismos y padecemos antropofobia
o nos mordemos los dedos hasta vernos el plasma;
jamás leímos a Cervantes, a Homero, ni a Dante,
mucho menos a Shakespeare (o Bacon, o quien carajo fuere);
no admiramos a Rimbaud ni a Baudelaire
y no obstante estamos malditos;
no nos siguen las mujeres;
usamos plural mayestático
y somos agorafóbicos;
todos somos Asperger y profesamos la entropía
diciendo: «quien cree en la perfección sucumbe, y quien no, también, pero un poco menos»;
Neruda nos hace bostezar
y te decimos, mientras acribillamos gorriones en la puerta de tu casa:
«allá, Cortázar,
Benedetti,
las pelotas.
¡Allá,
Cortázar,
Benedetti,
las pelotas!»
(Y DIJIMOS ASÍ)
Yo, los contrapoetas, odiamos la poesía;
la literatura nos parece inútil por lo que nos leemos por obligación;
somos perdedores a propósito
y no renegamos del ego; las musas nos temen;
nos revienta tres veces que nos miren a los ojos
y treinta veces tres que nos hablen;
somos metapoetas, biopoetas, neuropoetas, psicopoetas, méchápóétás, tecnopoetas;
algunos somos horribles, pero nunca tanto;
no creemos en ismos y padecemos antropofobia
o nos mordemos los dedos hasta vernos el plasma;
jamás leímos a Cervantes, a Homero, ni a Dante,
mucho menos a Shakespeare (o Bacon, o quien carajo fuere);
no admiramos a Rimbaud ni a Baudelaire
y no obstante estamos malditos;
no nos siguen las mujeres;
usamos plural mayestático
y somos agorafóbicos;
todos somos Asperger y profesamos la entropía
diciendo: «quien cree en la perfección sucumbe, y quien no, también, pero un poco menos»;
Neruda nos hace bostezar
y te decimos, mientras acribillamos gorriones en la puerta de tu casa:
«allá, Cortázar,
Benedetti,
las pelotas.
¡Allá,
Cortázar,
Benedetti,
las pelotas!»
(Y DIJIMOS ASÍ)
Y se dispuso que llegado el momento abriese los ojos y fuese ante sí mismo, pero al otro que estaba al lado de dentro, y se habló a sí mismo, diciendo: «He aquí vengo a validarme ante ti».
Mas el otro halló en esto gran duda y dijo: «Tienes que ser validado ante el mundo, por el mundo, ¿y vienes a mí?».
Pero él le respondió: «de cierto te digo, esto se trata del mundo, pero yo soy el mundo,
y tú eres el lado de dentro del mundo».
Y le fue otorgada potestad para decir, y he aquí su lengua resplandecía, y hubo una voz que sonaba como dos voces, y decía: «Este es mi voz, en quien envío mi palabra», y ninguna paloma se propagó por el aire.
Me levanto de la mierda con los brazos extendidos
inclinando toda la cabeza hacia la diestra y digo: «soy un contrapoeta»,
y en esto no hubo blasfemia.
También agité las manos estando sentado,
y me mecí unas cuantas veces hacia adelante y hacia atrás, repetitivamente,
y cuando púseme de pié, caminé con la cabeza inclinada un poco a la siniestra,
y dije: «yo y mi palabra somos uno solo y el mismo».
Y caminé unas cuantas calles, cuando en una esquina,
la gente disponíase a lapidar a un poeta
cuya lengua se parecía como a las flores
y en cuyos ojos todo tipo de aves se reflejaban,
y he aquí que dije mientras con un palo dibujé una calavera sobre la arena:
«Coged piedras más grandes, y no olvidéis: al amor lo que es del amor,
y a la poesía lo que es de la poesía».
Y la gente se repugnaba.
inclinando toda la cabeza hacia la diestra y digo: «soy un contrapoeta»,
y en esto no hubo blasfemia.
También agité las manos estando sentado,
y me mecí unas cuantas veces hacia adelante y hacia atrás, repetitivamente,
y cuando púseme de pié, caminé con la cabeza inclinada un poco a la siniestra,
y dije: «yo y mi palabra somos uno solo y el mismo».
Y caminé unas cuantas calles, cuando en una esquina,
la gente disponíase a lapidar a un poeta
cuya lengua se parecía como a las flores
y en cuyos ojos todo tipo de aves se reflejaban,
y he aquí que dije mientras con un palo dibujé una calavera sobre la arena:
«Coged piedras más grandes, y no olvidéis: al amor lo que es del amor,
y a la poesía lo que es de la poesía».
Y la gente se repugnaba.
Y fuimos llevados a la soledad tremenda, con las manos atadas, para ser tentados,
y después de padecer verborrea durante 33 días y 33 noches, hallamos gana,
y vino a Nos la tentación, y dijo: «Si en verdad eres un poeta, di que estas rocas se transformen en plumas, esta tierra en papeles».
Y respondimos diciendo: «De cierto te digo: no sólo de tinta vive el poeta, sino de toda palabra que sale de su boca».
Entonces, fuimos llevados a una biblioteca, y se nos puso cientos de libros a disposición, y se nos dijo: «Si en verdad eres un poeta, leerás obras clásicas, porque escrito está: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho", y quien caso a esto hiciere, los grandes le serán por servidores, y no tropezará su lengua».
Y contestamos: «Dejo dicho también: no tentarás curiosidad la tuya, a alturas tales que tu lengua sea trocada, se corrompa tu espíritu».
Y otra vez la tentación habló, y nos llevó a la red de redes, y nos mostró todos los poetas del mundo y la gloria de ellos, y dijo: «Todos estos te serán por maestros, si postrado me obedecieres».
Entonces, dijimos: «Aléjate de mí, porque escrito dejo: A tu voz adorarás, y a ella servirás».
Y entonces la tentación nos dejó, y he aquí vinieron máquinas, y nos servían.
(Y SE LE SUGIRIÓ TAMBIÉN)
Y se le sugirió también que describiese el dolor, y dijo:
«Como álgidas catástrofes vienen colmos tronando miserias.
El hastío tiende a la diseminación, cansa, cansa, es lo único que progresa.
Esporádicas furias se subliman sin llegar a ser metas.
Todas las consideraciones huyen y viene entonces el momento,
pero el momento sucumbe a penas se erige.
El silencio deja de callar y asombrosamente ¡sigue siendo silencio!».
(FIN DE LA FUNCIÓN)
R3d3fini3ndo, me apago, coma a coma,
o con cada punto cruje un poco mi estructura,
o me descompone cada caricia,
o ya no sé qué rayos quieres que dispare,
qué transistores ocurre.
Yo, los contrapoetas, no creemos en la belleza ni sintetizamos; amplificamos.
Creemos que aquel que no se contradice no progresa
y solemos decir mientras que suena un teléfono de fondo:
«Unos niños juegan en la acera, corren;
un contrapoeta pasa, se sacude la chaqueta, escupe.
Unos jóvenes festejan en la calle, beben, ríen;
un contrapoeta mira desde lejos, saca un cigarrillo, enciéndelo.
Una pareja se besa carismática en un verde parque: se ama, efusiva, fervientemente,
pero, un contrapoeta, ya no besa, sólo observa.
Un contrapoeta se mutila día a día.
Sufre el peso del mundo en cada hueso.
La existencia le rompe el espinazo.
Los enigmas vienen a acosarle por las noches.
Participa quark a quark de la entropía,
el deterioro progresivo de su masa y de las cosas».
}
Última edición: