jocastilla
Poeta recién llegado
Te plantamos con amor
y te vendimiamos con gusto.
La crianza fue cuidada y
te embotellamos con mimo.
La cata fue sorprendente:
Aroma intenso, color brillante.
Ese vino se me subió a la cabeza
y me gustó su bouquet espumoso.
Víctor, me emborracha pensar en ti.
Aquella añada de 22 años cumplidos
me hace ver unos ojos de luceros,
negros y luminosos;
me hacen oír palabras sabias,
que salen de tu boca y se derraman
alegremente por el aire:
"esto es vida y lo demás es cuento".
Recuerdo cuando dejaste de hablar
y se nos secó el corazón acongojado;
las pipas Facundo que te hicieron reír;
y cuando te hiciste amigo de los ovnis
y de los piratas de Play Móvil.
Visité tu instituto a menudo
y tu salida de clase esperé,
como un novio enamorado
y como quien cuida su viña.
Te perdí en alguna vuelta del camino
y creí olvidar aquella siembra.
Mi vaso quedó vacío.
Fuiste para mí droga al nacer.
Ahora sé que creaste dependencia.
Desde entonces te necesito
y malvivo pendiente de ti.
Quiero beberte y sorberte.
Mi paladar está sediento y acorchado;
seca y agrietada mi lengua;
mi boca, una cueva abandonada,
y ha perdido sensibilidad mi olfato.
Añora este caldo desde su gestación.
Echo este mensaje de náufrago
en una botella de vino derramada.
Espero que llegue a su destino
y encuentre repuesto en otra botella
de aquella cosecha del ochenta y ocho.
y te vendimiamos con gusto.
La crianza fue cuidada y
te embotellamos con mimo.
La cata fue sorprendente:
Aroma intenso, color brillante.
Ese vino se me subió a la cabeza
y me gustó su bouquet espumoso.
Víctor, me emborracha pensar en ti.
Aquella añada de 22 años cumplidos
me hace ver unos ojos de luceros,
negros y luminosos;
me hacen oír palabras sabias,
que salen de tu boca y se derraman
alegremente por el aire:
"esto es vida y lo demás es cuento".
Recuerdo cuando dejaste de hablar
y se nos secó el corazón acongojado;
las pipas Facundo que te hicieron reír;
y cuando te hiciste amigo de los ovnis
y de los piratas de Play Móvil.
Visité tu instituto a menudo
y tu salida de clase esperé,
como un novio enamorado
y como quien cuida su viña.
Te perdí en alguna vuelta del camino
y creí olvidar aquella siembra.
Mi vaso quedó vacío.
Fuiste para mí droga al nacer.
Ahora sé que creaste dependencia.
Desde entonces te necesito
y malvivo pendiente de ti.
Quiero beberte y sorberte.
Mi paladar está sediento y acorchado;
seca y agrietada mi lengua;
mi boca, una cueva abandonada,
y ha perdido sensibilidad mi olfato.
Añora este caldo desde su gestación.
Echo este mensaje de náufrago
en una botella de vino derramada.
Espero que llegue a su destino
y encuentre repuesto en otra botella
de aquella cosecha del ochenta y ocho.