Y cuando te encontré
se consolaron los parques,
y se hicieron añicos los diamantes;
la sinagoga de estorbos
ardió en llamas.
La ambigüedad quedó,
no sé en qué parte,
de rubí dormí en tu puerto;
de arcilla y mamparas…
No sé bien, si sobrio
sonrojé la cara;
y te até las pausas
para… no te encontraran.
Y te sacudí la altura
de tus chimeneas,
cuando abril se iba
y tú te encerrabas.
Lobos
besan los corderos,
de los ciegos celos;
tú, que no te importa
el mundo;
yo, que con tu pelo…
las axilas del mundo muerdo.
se consolaron los parques,
y se hicieron añicos los diamantes;
la sinagoga de estorbos
ardió en llamas.
La ambigüedad quedó,
no sé en qué parte,
de rubí dormí en tu puerto;
de arcilla y mamparas…
No sé bien, si sobrio
sonrojé la cara;
y te até las pausas
para… no te encontraran.
Y te sacudí la altura
de tus chimeneas,
cuando abril se iba
y tú te encerrabas.
Lobos
besan los corderos,
de los ciegos celos;
tú, que no te importa
el mundo;
yo, que con tu pelo…
las axilas del mundo muerdo.
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