Nommo
Poeta veterano en el portal
Yo te amo, y además, te busco.
Te hallo en los matorrales; eres frambuesa o mora silvestre.
Luego, creces y te atornillas dentro de mi armario; donde la ropa resiste las mordidas de las polillas.
En ese nido, amplías tus horizontes, para abrir de par en par, las puertas de ese mueble empotrado.
Sales y surtes efecto, como pócima mágica que yo bebo, o elixir de la eterna Juventud.
Entonces, me renuevas por dentro, y por fuera.
Te respiro y te me apareces, como ese genio de la lámpara de Aladino.
Te pido tres deseos: Que seas mía, que seas tuya, y que seas del Creador.
Y se cumplen, pues son de sentido común. Amor...
Salimos juntos y nos abrochamos el cinturón. Es dura la vida, como el pedernal.
Vamos abriéndonos camino, a machetazos, por la selva amazónica.
Nos instalamos en una cabaña antigua. Hacemos chapuzas de bricolaje.
Practicamos psicología. Recibimos alumnos y pupilos. Rechazamos a los piratas que entran, al abordaje.
Combatimos contra virus y bacterias, que quieren invadir nuestros cuerpos humanos y serranos.
Te declaro universal o católica; solar y planetaria; celestial y terrenal, a un tiempo.
Humana y divina...
Mientras te relacionas con las gallinas, en la granja.
Allí, donde Robinson Crusoe, en su isla desierta, naufragaba y sobrevivía...
Allí mismo, nosotros crecemos y hacemos juegos malabares.
Luego, la industria, para nuestros descendientes. Sí, multiplican los panes y los peces.
Inventan nuevos nombres y apellidos.
Nos relegan al olvido. Nos sepultan, entre otros muchos libros sensacionales.
Permanecemos en la biblioteca, encerrados en un diccionario ilustrado.
Apenas queda de nosotros, una huella. Un simio. Un símbolo...
Australopiteco, Neanderthal, Homo Hábilis...
Te hallo en los matorrales; eres frambuesa o mora silvestre.
Luego, creces y te atornillas dentro de mi armario; donde la ropa resiste las mordidas de las polillas.
En ese nido, amplías tus horizontes, para abrir de par en par, las puertas de ese mueble empotrado.
Sales y surtes efecto, como pócima mágica que yo bebo, o elixir de la eterna Juventud.
Entonces, me renuevas por dentro, y por fuera.
Te respiro y te me apareces, como ese genio de la lámpara de Aladino.
Te pido tres deseos: Que seas mía, que seas tuya, y que seas del Creador.
Y se cumplen, pues son de sentido común. Amor...
Salimos juntos y nos abrochamos el cinturón. Es dura la vida, como el pedernal.
Vamos abriéndonos camino, a machetazos, por la selva amazónica.
Nos instalamos en una cabaña antigua. Hacemos chapuzas de bricolaje.
Practicamos psicología. Recibimos alumnos y pupilos. Rechazamos a los piratas que entran, al abordaje.
Combatimos contra virus y bacterias, que quieren invadir nuestros cuerpos humanos y serranos.
Te declaro universal o católica; solar y planetaria; celestial y terrenal, a un tiempo.
Humana y divina...
Mientras te relacionas con las gallinas, en la granja.
Allí, donde Robinson Crusoe, en su isla desierta, naufragaba y sobrevivía...
Allí mismo, nosotros crecemos y hacemos juegos malabares.
Luego, la industria, para nuestros descendientes. Sí, multiplican los panes y los peces.
Inventan nuevos nombres y apellidos.
Nos relegan al olvido. Nos sepultan, entre otros muchos libros sensacionales.
Permanecemos en la biblioteca, encerrados en un diccionario ilustrado.
Apenas queda de nosotros, una huella. Un simio. Un símbolo...
Australopiteco, Neanderthal, Homo Hábilis...
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