Anciano

Broken Nightfall

Poeta recién llegado
ANCIANO

Remembrando días yace aquel siervo de si mismo,
Postrado en una desvencijada silla;
Trono del olvido, sitial de la indiferencia.
Nada más que un gruñido brota de la seca memoria,
Nada más que un resplandor hueco hay en su frente.

A su alrededor una multitud de hojas rojas
Se desploman suicidas y cada una cuenta
Alguno de sus años.
Una vida larga, una carga eterna.
Los tiempos han cambiado y él ya no es quien era,
O es, ni seria, o querría ser…
Vislumbra sin recelo el último de sus segundos,
Complacido esta de poder abandonar
Una tierra estéril, una existencia igualmente infértil.
Oh, el día del fuego eterno y no es posible escapar.

Miles son los pliegues de su piel,
Densas las marcas bajo sus ojos,
El insomnio ha sido un fiel amigo.
Siempre allí cuando las ruinas divinas
Caían inclementes, sacudiendo el espíritu
De un patriarca, de un anciano,
De un joven desamparado.
Los días han pasado y la evolución a la inversa,
Su cuerpo decayó hora tras hora,
Marchitándose, muriendo, embelleciéndose
En agonía.

Ya ha llegado el ocaso, anciano…
Ya ha llegado la noche,
Finalmente pernoctarás sempiterno.
Levanta la mirada lentamente y
Puede ver ángeles danzando,
Cual disturbio bendito. Ha estallado una revolución.
Ancestrales portales de esencia arcana
Se han abierto y un susurro ardiente ha alcanzado su oído.
El palpitar se detiene y aquella hoja no tocó el suelo.
El horizonte nemoroso se ha encendido en llamas.
Tal contraste: deflagraciones y oscuridad, agradan
A la vista. Las estrellas han sido sazonadas
Agriamente y llueve,
Llueve muerte de la bóveda celeste.
De las nubes, en tumultos mórbidos,
Son arrojados millares de cadáveres pútridos, infectos.
En espiral ascienden demonios de
Antigua hermosura y estruendosamente chocan
Contra las puertas de los cielos.
Ángeles y demonios copulan.
Un orgasmo eléctrico brota de las nubes,
Y es un rayo furioso.
Gotas de esperma divina, torrentes de flujo demoníaco,
Ahora presenciamos la tormenta, la llovizna asesina.
Ha nacido un engendro maldito,
Ha nacido el humano ser.

Lo circular e infinito en un segundo; aquel que en agonía
Se halle, develados le son los secretos de la creación
Aquel pobre vetusto cadáver, atestiguase
La muerte de la llama, y refleja odio en sus ojos.
Gélido el liquido que recorre sus venas,
Férvido el clamor que de su reminiscencia brota:
Una ultima oportunidad, un incontenible deseo de morir.

Carlos Santiago Amézquita Villamizar
 

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