Becikapa Hequir
Poeta recién llegado
Mi andar es un desierto, tiene su juego,
mi voz es un destello, llena su lejanía
su quemar inunda mi alma, cual un fuego,
su inmensidad ardiente quema mi días.
Cual auroras eternas en mis sueños moran,
las añoranzas de mi niñez, ya he olvidado,
el desdeño de la vida vivo si me ignoran,
el consuelo de la muerte, yo ya he tocado.
Mi lucha en este mundo yo la corono,
con vuestras buenas obras, yo la concibo,
el fracaso en su caminar no lo perdono,
en la cima del amor eterno yo las percibo.
No pretendo recordar, frívolos placeres,
ni descollar en lo intrascendental, de mi camino,
recojo los guijarros que les causarán dolores,
y siembro esperanza, en la vereda de su destino.
Nadie en esta tierra, tome para mal, infame daga,
alargue el paso y apresure traición, sobre sus vidas,
que el cañón de la guerra diaria no desgarre ni deshaga,
el fuerte pendón del cual en la eternidad, estén asidas.
No permitan que en vuestro tierno y blanco,corazón aniden,
rencores mundanos desmedidos ni ardientres pasiones,
trabajen arduamente para que jamás sus mentes olviden,
que fueron como yo quise e hice sin buscar razones.
Como Adán en su edén y Eva en su tormento,
caminamos todas unidas en un total silencio,
los errores en la vida se vuelven lamento,
tomen otra vez su regalo, llénenlo de incienso.
Anhelo a mi final, la corona de lauréles,
que me harán egresar con altos honores,
olvidando el brillo silente de los oropeles,
me iré despacio, lentamente sin clamores.
No me recordéis por el bien que pude hacerte,
recordadme más bien, por mis tantos errores,
y en el camino que ahora parece florecerte,
sigue despacio y segura a tomar tus flores.
Es la recompensa que tienen los que luchan,
y que en la vereda verde no se quedaron,
si no que siguieron, porque ellos escuchan,
y al seguir el consejo de Dios no se apartaron.
En mi tumba espero descansar, de mi andar cansino,
de mis agobios breves, de mis eternas penas,
recibe la gloria que corona tu frente de armiño,
mientras yo con el perdón me libro de mi condena.
mi voz es un destello, llena su lejanía
su quemar inunda mi alma, cual un fuego,
su inmensidad ardiente quema mi días.
Cual auroras eternas en mis sueños moran,
las añoranzas de mi niñez, ya he olvidado,
el desdeño de la vida vivo si me ignoran,
el consuelo de la muerte, yo ya he tocado.
Mi lucha en este mundo yo la corono,
con vuestras buenas obras, yo la concibo,
el fracaso en su caminar no lo perdono,
en la cima del amor eterno yo las percibo.
No pretendo recordar, frívolos placeres,
ni descollar en lo intrascendental, de mi camino,
recojo los guijarros que les causarán dolores,
y siembro esperanza, en la vereda de su destino.
Nadie en esta tierra, tome para mal, infame daga,
alargue el paso y apresure traición, sobre sus vidas,
que el cañón de la guerra diaria no desgarre ni deshaga,
el fuerte pendón del cual en la eternidad, estén asidas.
No permitan que en vuestro tierno y blanco,corazón aniden,
rencores mundanos desmedidos ni ardientres pasiones,
trabajen arduamente para que jamás sus mentes olviden,
que fueron como yo quise e hice sin buscar razones.
Como Adán en su edén y Eva en su tormento,
caminamos todas unidas en un total silencio,
los errores en la vida se vuelven lamento,
tomen otra vez su regalo, llénenlo de incienso.
Anhelo a mi final, la corona de lauréles,
que me harán egresar con altos honores,
olvidando el brillo silente de los oropeles,
me iré despacio, lentamente sin clamores.
No me recordéis por el bien que pude hacerte,
recordadme más bien, por mis tantos errores,
y en el camino que ahora parece florecerte,
sigue despacio y segura a tomar tus flores.
Es la recompensa que tienen los que luchan,
y que en la vereda verde no se quedaron,
si no que siguieron, porque ellos escuchan,
y al seguir el consejo de Dios no se apartaron.
En mi tumba espero descansar, de mi andar cansino,
de mis agobios breves, de mis eternas penas,
recibe la gloria que corona tu frente de armiño,
mientras yo con el perdón me libro de mi condena.