Andrea

Paco Valiente

Poeta que no puede vivir sin el portal
Yo buscaba una rendija
para salir de mí mismo,
una palabra mágica
que me cambiara por completo,
buscaba en el humo
de mi cigarrillo,
en mi taza de té,
en las miradas de desconocidas,
en los labios de la noche
que me besaba en la frente.
Andrea era una mariposa herida,
la vida es cruel a veces,
demasiadas veces,
sus ojos eran bellos pero tristes,
deambulaba por la ciudad
abrazada a una botella de vino,
encendiendo cigarrillos con sus sueños
sentenciados,
ella no buscaba nada,
ni quería alguna cosa,
vivía entre la nostalgia
y la melancolía.
El encuentro fue bajo la lluvia,
en la calle “Las Almas”,
me pidió fuego con sus manos
temblorosas
y algo suelto para un trago
de olvido,
la llevé a un café
y entre trago y trago
me contó su historia
que no repetiré porque no hace falta.
Nunca había sentido una atracción
tan desmedida por alguien
así tan de repente
como por ella,
un gran instinto protector nació
en mí de la nada.
Fuimos a mi casa
y entre copa y copa
y el inevitable humo
surgió el deseo
que desembocó en un apasionado
acto sexual
que hizo que abandonara
mi encierro y me introdujera en ella.
Allí tenía mi rendija y mi palabra,
en esa pequeña mujer
de risa forzada,
corazón roto
y manos de hierba.
Hoy en día seguimos juntos,
ella vuela y vuela
y yo dibujo corazones
en sus mañanas.
 
Primero, reitero mi alegría al saber que somos compañeros de equipo :).
Segundo, no podrías imaginar cuanto me gustan los poemas que cuentan historias, ya sean reales o inventadas, cuando las escriben los poetas que admiro.
Excelente, como para ampliar y hacer brotar alguna prosa, que te quedaría perfecta.
Sigo tus letras siempre.
 
¡Hermosos versos! La vida siempre nos da sorpresas y Cupido pone su flecha cuando y en quién menos pensamos, lo único importante es ser feliz y brindar ese mismo sentimiento al ser amado. Un placer pasar por su maravillosa poesía, reciba mi más cordial saludo.
 
Primero, reitero mi alegría al saber que somos compañeros de equipo :).
Segundo, no podrías imaginar cuanto me gustan los poemas que cuentan historias, ya sean reales o inventadas, cuando las escriben los poetas que admiro.
Excelente, como para ampliar y hacer brotar alguna prosa, que te quedaría perfecta.
Sigo tus letras siempre.
Seguramente habría un relato en esto versos, ya he escrito algunos pero ahora me centro en la poesía. Gracias por todo amiga Cecy. Un abrazo. Paco.
 
Sublime Paco, gracias por compartir esta bella historia en forma de poema, con nosotros. Saludos.
 
Hermosa poesía que entre versos bellos y un poco nostálgicos me cuenta una historia llena de romance y ese toque de suspenso desde esa rendija que te abrió esa pequeña mujer hacia un mundo diferente, de amor, muy lindo!! un placer leerte, mis saludos con afecto para ti estimado Paco ;)
 
Placer es disfrutar de tus genialidades, esta, un a historia fascinante que emociona.
Gracias Paco por el buen talento que regalas. Fuerte abrazo.

Yo buscaba una rendija
para salir de mí mismo,
una palabra mágica
que me cambiara por completo,
buscaba en el humo
de mi cigarrillo,
en mi taza de té,
en las miradas de desconocidas,
en los labios de la noche
que me besaba en la frente.
Andrea era una mariposa herida,
la vida es cruel a veces,
demasiadas veces,
sus ojos eran bellos pero tristes,
deambulaba por la ciudad
abrazada a una botella de vino,
encendiendo cigarrillos con sus sueños
sentenciados,
ella no buscaba nada,
ni quería alguna cosa,
vivía entre la nostalgia
y la melancolía.
El encuentro fue bajo la lluvia,
en la calle “Las Almas”,
me pidió fuego con sus manos
temblorosas
y algo suelto para un trago
de olvido,
la llevé a un café
y entre trago y trago
me contó su historia
que no repetiré porque no hace falta.
Nunca había sentido una atracción
tan desmedida por alguien
así tan de repente
como por ella,
un gran instinto protector nació
en mí de la nada.
Fuimos a mi casa
y entre copa y copa
y el inevitable humo
surgió el deseo
que desembocó en un apasionado
acto sexual
que hizo que abandonara
mi encierro y me introdujera en ella.
Allí tenía mi rendija y mi palabra,
en esa pequeña mujer
de risa forzada,
corazón roto
y manos de hierba.
Hoy en día seguimos juntos,
ella vuela y vuela
y yo dibujo corazones
en sus mañanas.
 
Yo buscaba una rendija
para salir de mí mismo,
una palabra mágica
que me cambiara por completo,
buscaba en el humo
de mi cigarrillo,
en mi taza de té,
en las miradas de desconocidas,
en los labios de la noche
que me besaba en la frente.
Andrea era una mariposa herida,
la vida es cruel a veces,
demasiadas veces,
sus ojos eran bellos pero tristes,
deambulaba por la ciudad
abrazada a una botella de vino,
encendiendo cigarrillos con sus sueños
sentenciados,
ella no buscaba nada,
ni quería alguna cosa,
vivía entre la nostalgia
y la melancolía.
El encuentro fue bajo la lluvia,
en la calle “Las Almas”,
me pidió fuego con sus manos
temblorosas
y algo suelto para un trago
de olvido,
la llevé a un café
y entre trago y trago
me contó su historia
que no repetiré porque no hace falta.
Nunca había sentido una atracción
tan desmedida por alguien
así tan de repente
como por ella,
un gran instinto protector nació
en mí de la nada.
Fuimos a mi casa
y entre copa y copa
y el inevitable humo
surgió el deseo
que desembocó en un apasionado
acto sexual
que hizo que abandonara
mi encierro y me introdujera en ella.
Allí tenía mi rendija y mi palabra,
en esa pequeña mujer
de risa forzada,
corazón roto
y manos de hierba.
Hoy en día seguimos juntos,
ella vuela y vuela
y yo dibujo corazones
en sus mañanas.


Afortunada rendija por la cual se cuela el sol del amor.
Siempre hermosa y única es la poesía como canal de sentimientos.
Un gusto acompañar tan bella creación de tu arte poético Paco.
Alegre paz y que la inspiración siga iluminando el cielo de tu mirada.
Vidal
 
Me encantan los poemas que llevan el nombre de alguien, porque se vuelve único.
Hermosas letras, hermosa historia, de esas que uno jamas espera,
hermosa coincidencia resumida en amor.
Lindo poema Paco. Saludos.
 
Yo buscaba una rendija
para salir de mí mismo,
una palabra mágica
que me cambiara por completo,
buscaba en el humo
de mi cigarrillo,
en mi taza de té,
en las miradas de desconocidas,
en los labios de la noche
que me besaba en la frente.
Andrea era una mariposa herida,
la vida es cruel a veces,
demasiadas veces,
sus ojos eran bellos pero tristes,
deambulaba por la ciudad
abrazada a una botella de vino,
encendiendo cigarrillos con sus sueños
sentenciados,
ella no buscaba nada,
ni quería alguna cosa,
vivía entre la nostalgia
y la melancolía.
El encuentro fue bajo la lluvia,
en la calle “Las Almas”,
me pidió fuego con sus manos
temblorosas
y algo suelto para un trago
de olvido,
la llevé a un café
y entre trago y trago
me contó su historia
que no repetiré porque no hace falta.
Nunca había sentido una atracción
tan desmedida por alguien
así tan de repente
como por ella,
un gran instinto protector nació
en mí de la nada.
Fuimos a mi casa
y entre copa y copa
y el inevitable humo
surgió el deseo
que desembocó en un apasionado
acto sexual
que hizo que abandonara
mi encierro y me introdujera en ella.
Allí tenía mi rendija y mi palabra,
en esa pequeña mujer
de risa forzada,
corazón roto
y manos de hierba.
Hoy en día seguimos juntos,
ella vuela y vuela
y yo dibujo corazones
en sus mañanas.
hermosa forma de comenzar y terminar una poesía de forma magistral.. un saludo cordial Paco.
 
Me encantan los poemas que llevan el nombre de alguien, porque se vuelve único.
Hermosas letras, hermosa historia, de esas que uno jamas espera,
hermosa coincidencia resumida en amor.
Lindo poema Paco. Saludos.
Gracias amiga Lina por asomarte a mi ventana de versos y dejar tu bella huella. Un abrazo. Paco.
 

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