JULIO PICÓN PONCE
Poeta recién llegado
Cuando nació,
cuando el médico lo vio por vez primera,
un atroz murmullo recorrió la sala
y descubrió en su padre
una trágica mueca de sorpresa.
·
Creció casi normal en este mundo
donde todo es up, veloz, sobresaliente;
no se dejó vencer por más que le dijeran
que era lento, down o deficiente.
·
Imaginaban todos
que era feliz porque reía,
que su déficit mental lo preservaba
de la dura condición en que vivía.
Pero no.
El no lloraba
para no sobrecargar con su tristeza
ese ambiente de amargura que aspiraba.
·
Por las noches,
cuando todos dormían, él despertaba,
maldiciendo un cromosoma de más que no veía
y que a esta miseria vital le condenaba.
A la mañana siguiente
con la risa fácil volvía la rutina:
a jugar horas y horas,
a vegetar solitario en la cocina.
·
En el rechazo sutil y compasivo
que los seres normales regalaban,
encontraba un estímulo azaroso
para vivir una a una las mañanas.
Sentía el amor, el odio y el deseo,
soñaba con un sexo lujurioso y prohibido
que el mundo le negaba, por ser puro,
inocente, veraz, desinhibido.
·
Nació así: sin culpas, con estigmas.
Vivió así: en la ignorancia soportable.
Y terminó su existencia entre murmullos
de vigorosos aleteos celestiales.