Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Para no engañarse a uno mismo, el primer paso es conocer la verdad.
No me refiero a una de esas verdades de andar por casa.
O sí.
Nadie jamás me enseñó a mentir con la maestría con que lo hago.
Evidentemente, tampoco nadie me ha enseñado a decir la verdad.
Será entonces que ésta no existe, o que realmente tengo algo poderoso entre manos.
Verdad o mentira.
Mentira o verdad.
Lo cierto es que prefiero darle la razón al hombre.
Al menos de boca para afuera.
Yo quise salvarlos a todos, pero me crucé conmigo en el camino.
La metafísica no existe.
Dios no existe.
Ni mucho menos el Diablo.
Lo único que existe es la evidencia moral.
Les explicaré cómo obtenerla más adelante.
Eso sí, no la van a necesitar para el verdadero juicio:
“Yo soy mi único escarmiento”.
No me refiero a una de esas verdades de andar por casa.
O sí.
Nadie jamás me enseñó a mentir con la maestría con que lo hago.
Evidentemente, tampoco nadie me ha enseñado a decir la verdad.
Será entonces que ésta no existe, o que realmente tengo algo poderoso entre manos.
Verdad o mentira.
Mentira o verdad.
Lo cierto es que prefiero darle la razón al hombre.
Al menos de boca para afuera.
Yo quise salvarlos a todos, pero me crucé conmigo en el camino.
La metafísica no existe.
Dios no existe.
Ni mucho menos el Diablo.
Lo único que existe es la evidencia moral.
Les explicaré cómo obtenerla más adelante.
Eso sí, no la van a necesitar para el verdadero juicio:
“Yo soy mi único escarmiento”.