Alejandro Cabrol
Poeta recién llegado
no es un teléfono lo que cuelga en mi mano y sangra
este relámpago que con sus últimos coletazos
se despide del desayuno tunecino
arpas y flautas tal vez
pero no
un teléfono
arenas que un tiempo remoto
ha escondido entre mis cuadernos
y de noche regurgita en mi garganta
procelosos procesos de mar en vena, en vela
un virtuosismo oscurantista del que corro sin poder alejar
después hay ojos
pero no
un teléfono
aspas y astas indagando la raíz del viento
en eterna búsqueda de sones
desperdigados
no es un teléfono lo que corre por mis venas y clama
esa porción de magia extirpada de la espalda
allá lejos y hace tiempo: olvidada
ni suena, sino que una picazón empuja mis uñas
al sino ardiente, volátil desesperadamente
uñas para dedos para cosas inasibles
no es un teléfono aunque tenga números
o la cifra remota de la zafra
quizá a destiempos
un murmullo lejos rebotando en lajas
que lo multiplican y desflecan
incomprensible
coletazos de anguila tunecina
fría sorprendida en vilo
hambre del número
y cuando se para y boquea
acalla aquieta arma
su propio museo
tunecino
quietud de aire, foto descuajeringada
sangre un poco en la boca:
hola...
este relámpago que con sus últimos coletazos
se despide del desayuno tunecino
arpas y flautas tal vez
pero no
un teléfono
arenas que un tiempo remoto
ha escondido entre mis cuadernos
y de noche regurgita en mi garganta
procelosos procesos de mar en vena, en vela
un virtuosismo oscurantista del que corro sin poder alejar
después hay ojos
pero no
un teléfono
aspas y astas indagando la raíz del viento
en eterna búsqueda de sones
desperdigados
no es un teléfono lo que corre por mis venas y clama
esa porción de magia extirpada de la espalda
allá lejos y hace tiempo: olvidada
ni suena, sino que una picazón empuja mis uñas
al sino ardiente, volátil desesperadamente
uñas para dedos para cosas inasibles
no es un teléfono aunque tenga números
o la cifra remota de la zafra
quizá a destiempos
un murmullo lejos rebotando en lajas
que lo multiplican y desflecan
incomprensible
coletazos de anguila tunecina
fría sorprendida en vilo
hambre del número
y cuando se para y boquea
acalla aquieta arma
su propio museo
tunecino
quietud de aire, foto descuajeringada
sangre un poco en la boca:
hola...