En la greda empedrada,
ni azulejos, ni vitrales.
Noche misteriosa, sosegada,
y el dulce y barro fogón languidece.
Cubre débil con su lumbre,
tus pobres arrugas,
tus sienes perdidas
en cualquier recodo del tiempo.
Acaricio tu lacio cabello se siempre,
para tenerte en mi recuerdo
cada vez que cierro mis ojos.
Ingratitud, postergado, ese nombre te dieron.
Adiós, padre querido.
Adiós a todos.
El es señor de la zozobra de David,
del resquemor de Acàn,
de la alegrìa y la reflexión de heliodemo,
le pertenecen. Tiene memoria.
Como al abatido Cristo mohino,
afectado, triste , dócil.
Y su aflicción en el costado,
Sangre y aceite,
Aceite y grasa,
Grasa y vida.
Vida que se destila.
Afuera, noche y madrugada,
madrugada y noche.
Sólo un cielo despejado
inmenso, eterno.
Aquí se mezclan la serpiente y la luciérnaga,
la envidia y la ciencia.
Alejado de ellos, sólo poseo
un báculo de rama empinada;
siempre me acompaña
por campiñas y caminos,
villorrios y pueblos,
por los muros de barro y acequias.
Por el cariño desprendido
que nos abrazamos:
él me escucha y
yo lo hago jugar.
Fue un trato justo.
Simplemente no hacemos daño a nadie.
Hoy me acuerdo de mi Brisa,
mi dulce Brisa,
jugando en la peñas,
debajo de los árboles,
mirando el sol a travéz de las ramas y hojas,
jugando con el grillo y el ciempiés,
contando pétalos y hojas.
Inocentes risas entre murmullos de fiestas.
Ay, mi Brisa.
Hoy estás en mi sol y en mi luz,
en mis riachuelos con pescaditos,
Een el aroma de mujercita.
Hoy estás en mis cuadernos,
en mis apuntes escondidos.
Es decir, en todo
Noche oscura y llena de desdén,
ya estoy en camino
a Babel, tierra confusa,
de innumerables cuentos y relatos,
de cancerberos y nobles,
de altivos y presumidos,
de culpables perdonados:
Todos a la resurrección.
¿quién puede saberlo?,
¿quién es el entendido?,
¿quién?.
Desvelado, cavilo:
Sólo soy
Sangre y aceite,
Aceite y grasa,
Grasa y vida,
Vida que se destila.
ni azulejos, ni vitrales.
Noche misteriosa, sosegada,
y el dulce y barro fogón languidece.
Cubre débil con su lumbre,
tus pobres arrugas,
tus sienes perdidas
en cualquier recodo del tiempo.
Acaricio tu lacio cabello se siempre,
para tenerte en mi recuerdo
cada vez que cierro mis ojos.
Ingratitud, postergado, ese nombre te dieron.
Adiós, padre querido.
Adiós a todos.
El es señor de la zozobra de David,
del resquemor de Acàn,
de la alegrìa y la reflexión de heliodemo,
le pertenecen. Tiene memoria.
Como al abatido Cristo mohino,
afectado, triste , dócil.
Y su aflicción en el costado,
Sangre y aceite,
Aceite y grasa,
Grasa y vida.
Vida que se destila.
Afuera, noche y madrugada,
madrugada y noche.
Sólo un cielo despejado
inmenso, eterno.
Aquí se mezclan la serpiente y la luciérnaga,
la envidia y la ciencia.
Alejado de ellos, sólo poseo
un báculo de rama empinada;
siempre me acompaña
por campiñas y caminos,
villorrios y pueblos,
por los muros de barro y acequias.
Por el cariño desprendido
que nos abrazamos:
él me escucha y
yo lo hago jugar.
Fue un trato justo.
Simplemente no hacemos daño a nadie.
Hoy me acuerdo de mi Brisa,
mi dulce Brisa,
jugando en la peñas,
debajo de los árboles,
mirando el sol a travéz de las ramas y hojas,
jugando con el grillo y el ciempiés,
contando pétalos y hojas.
Inocentes risas entre murmullos de fiestas.
Ay, mi Brisa.
Hoy estás en mi sol y en mi luz,
en mis riachuelos con pescaditos,
Een el aroma de mujercita.
Hoy estás en mis cuadernos,
en mis apuntes escondidos.
Es decir, en todo
Noche oscura y llena de desdén,
ya estoy en camino
a Babel, tierra confusa,
de innumerables cuentos y relatos,
de cancerberos y nobles,
de altivos y presumidos,
de culpables perdonados:
Todos a la resurrección.
¿quién puede saberlo?,
¿quién es el entendido?,
¿quién?.
Desvelado, cavilo:
Sólo soy
Sangre y aceite,
Aceite y grasa,
Grasa y vida,
Vida que se destila.