Faba Nightshadow
Poeta recién llegado
La oscuridad rodea
cada una de sus fibras
amenazando con entrar
y poseer su guarida.
Cada noche los lamentos
que emana su alma herida
se confunden con aullidos
de los lobos que asesinan.
Un corazón vacío
un cuerpo que anhela vida
un espíritu deambulando
entre las sombras furtivas.
El viaje se vuelve eterno
sin caminos ni salida
rondando entre los pedazos
de aquellos gloriosos días.
Una tierra sin piedad
donde la agonía es eterna
no hay justicia ni hay paz
solo condenas severas.
Sus ojos secos están
su boca se tiñe de rojo
las células de esa piel
disminuyen poco a poco.
A ésa atormentada espera
con su ausencia la arrojó
sin dejarle alguna opción
que la añoranza perpétua.
Y la fé que aún persiste
en cada poro del ser
que ya no asemeja a nada
dicen que fue una mujer.
Ella amaba a un hombre
como el esclavo más fiel
lo idolatraba ferviente
sumisa ante su poder.
Radiantes fueron los días
el esplendor de su amor
cuando esa inocencia bendita
desconocía el dolor.
Pero llegó aquel momento
cuando él miró hacia otro rumbo
se enamoró de otros ojos
y los siguió por el mundo.
Ella pensaba que el hombre
volvería en cualquier segundo
que no encontraría en esos ojos
amor más puro que el suyo.
Su alma sigue penando
vagando entre las tinieblas
esperando por su hombre,
oculta ante las estrellas.
cada una de sus fibras
amenazando con entrar
y poseer su guarida.
Cada noche los lamentos
que emana su alma herida
se confunden con aullidos
de los lobos que asesinan.
Un corazón vacío
un cuerpo que anhela vida
un espíritu deambulando
entre las sombras furtivas.
El viaje se vuelve eterno
sin caminos ni salida
rondando entre los pedazos
de aquellos gloriosos días.
Una tierra sin piedad
donde la agonía es eterna
no hay justicia ni hay paz
solo condenas severas.
Sus ojos secos están
su boca se tiñe de rojo
las células de esa piel
disminuyen poco a poco.
A ésa atormentada espera
con su ausencia la arrojó
sin dejarle alguna opción
que la añoranza perpétua.
Y la fé que aún persiste
en cada poro del ser
que ya no asemeja a nada
dicen que fue una mujer.
Ella amaba a un hombre
como el esclavo más fiel
lo idolatraba ferviente
sumisa ante su poder.
Radiantes fueron los días
el esplendor de su amor
cuando esa inocencia bendita
desconocía el dolor.
Pero llegó aquel momento
cuando él miró hacia otro rumbo
se enamoró de otros ojos
y los siguió por el mundo.
Ella pensaba que el hombre
volvería en cualquier segundo
que no encontraría en esos ojos
amor más puro que el suyo.
Su alma sigue penando
vagando entre las tinieblas
esperando por su hombre,
oculta ante las estrellas.