Mª Amparo Garrigós Cerdán
Poeta recién llegado
Igual que dos astros sujetos al Firmamento,
a miles de años luz, nos movemos. Si desde mi órbita
me inclino hacia ti, sé que a miles, a millones de años
luz, tú estás en otra órbita extraña. La dinámica del
Cosmos, insensible en su omnipotencia, nos mantiene
a cada cual en su lugar: dos astros rutilantes que
desafían al espacio y al tiempo y, sin embargo, son
presos forzados en su propia libertad. A veces, al azar
uno u otro se oscurece, para volver a brillar después y
acercarse o alejarse más, según los caprichos de un
demiurgo insensato: pero no pueden tomarse de la mano.
No sabemos en qué infinito camino, en qué absurda
constelación moramos atrapados, condenados a mirarnos
siempre de lejos, injustamente confinados. Ni qué secreto
caos precederá la sombra que definitivamente nos agote
Pero es un destino terrible consumirnos en nuestro
propio fuego, lentamente, solos en la inmensidad, como
se apagan irremisiblemente las estrellas más hermosas,
a tantos, tantos miles, millones de años luz.
a miles de años luz, nos movemos. Si desde mi órbita
me inclino hacia ti, sé que a miles, a millones de años
luz, tú estás en otra órbita extraña. La dinámica del
Cosmos, insensible en su omnipotencia, nos mantiene
a cada cual en su lugar: dos astros rutilantes que
desafían al espacio y al tiempo y, sin embargo, son
presos forzados en su propia libertad. A veces, al azar
uno u otro se oscurece, para volver a brillar después y
acercarse o alejarse más, según los caprichos de un
demiurgo insensato: pero no pueden tomarse de la mano.
No sabemos en qué infinito camino, en qué absurda
constelación moramos atrapados, condenados a mirarnos
siempre de lejos, injustamente confinados. Ni qué secreto
caos precederá la sombra que definitivamente nos agote
Pero es un destino terrible consumirnos en nuestro
propio fuego, lentamente, solos en la inmensidad, como
se apagan irremisiblemente las estrellas más hermosas,
a tantos, tantos miles, millones de años luz.