alejandrina padron
Poeta recién llegado
Grito en silencio y callo a voces
Para que puedan oírme los sordos de la tierra
Pero los sordos, también gritan con sus voces calladas
Y sus gritos silencian los míos
Hablaré conmigo misma
Me contaré todo eso que siempre callo
Ahora que estoy sola
Ahora que puedo oír el silencio
No encuentro a un Dios que me espere
Para mí, no quedó vida eterna
Tengo que acabar mi tarea, porque luego, será tarde
Demasiado tarde
Se apagará la luna de mi vida
Y el sol, hace ya tiempo que no brilla.
He plantado un árbol
He tenido un hijo
Pero ese libro, no acaba de nacer
¡Que gestación tan larga!
¡Cuantas lágrimas hacia dentro!
¡Cuantas risas fingidas!
Manos que no encuentran otras manos
¡Que tristeza!
Ojos que no pueden ver, con las cuencas vacías
Bocas desdentadas que simulan una risa
Que no pueden hablar
Que no saben hablar
Oídos que intentan escuchar
Pero que solo oyen una zarabanda imposible
Aromas que no han existido
¿A qué huele la amistad? ¿A que huele la vida?
¿Qué esperaba?
¿Quién me hizo soñar con estelas plateadas?
¿Quién me dijo que podían tocarse los luceros?
Leí a Kempis, pero no quise creerle
Entonces, aún era joven mi corazón
Estaba lleno de ilusiones
Hoy espero serena que el río llegue al mar
He aprendido que las aguas, nunca fluyen hacia arriba
Para que puedan oírme los sordos de la tierra
Pero los sordos, también gritan con sus voces calladas
Y sus gritos silencian los míos
Hablaré conmigo misma
Me contaré todo eso que siempre callo
Ahora que estoy sola
Ahora que puedo oír el silencio
No encuentro a un Dios que me espere
Para mí, no quedó vida eterna
Tengo que acabar mi tarea, porque luego, será tarde
Demasiado tarde
Se apagará la luna de mi vida
Y el sol, hace ya tiempo que no brilla.
He plantado un árbol
He tenido un hijo
Pero ese libro, no acaba de nacer
¡Que gestación tan larga!
¡Cuantas lágrimas hacia dentro!
¡Cuantas risas fingidas!
Manos que no encuentran otras manos
¡Que tristeza!
Ojos que no pueden ver, con las cuencas vacías
Bocas desdentadas que simulan una risa
Que no pueden hablar
Que no saben hablar
Oídos que intentan escuchar
Pero que solo oyen una zarabanda imposible
Aromas que no han existido
¿A qué huele la amistad? ¿A que huele la vida?
¿Qué esperaba?
¿Quién me hizo soñar con estelas plateadas?
¿Quién me dijo que podían tocarse los luceros?
Leí a Kempis, pero no quise creerle
Entonces, aún era joven mi corazón
Estaba lleno de ilusiones
Hoy espero serena que el río llegue al mar
He aprendido que las aguas, nunca fluyen hacia arriba