Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la eterna noche de mi vida
escuchase herrumbrosa la cadena:
desesperanza, fragor y pena,
en esta caverna sin salida.
Voces mil del pensamiento,
quejandose en viejas amarguras...
elevo mi ruego a las alturas,
ínfimo fulgor que arrastra el viento.
Te busco, y apenas rasgo el velo,
revelo miasmas y espantos.
Son fantasmas en demasía tantos,
que han matado mi luz y mi anhelo.
Asfixia y dolor de la añoranza,
son la rocosa mole que me quiebra.
Son los hilos breves que la parca enhebra...
son el patético color de mi esperanza.
En la gélida noche de mi ser,
cantaron póstumos los cielos;
y con rimas de auroras y de hielos,
cegaronme y ya no te puedo ver...
Hoy sufre mi alma en el hades
el precio que pago el corazón:
desnudo, ciego y sin razón,
matando el pasar de las edades.
escuchase herrumbrosa la cadena:
desesperanza, fragor y pena,
en esta caverna sin salida.
Voces mil del pensamiento,
quejandose en viejas amarguras...
elevo mi ruego a las alturas,
ínfimo fulgor que arrastra el viento.
Te busco, y apenas rasgo el velo,
revelo miasmas y espantos.
Son fantasmas en demasía tantos,
que han matado mi luz y mi anhelo.
Asfixia y dolor de la añoranza,
son la rocosa mole que me quiebra.
Son los hilos breves que la parca enhebra...
son el patético color de mi esperanza.
En la gélida noche de mi ser,
cantaron póstumos los cielos;
y con rimas de auroras y de hielos,
cegaronme y ya no te puedo ver...
Hoy sufre mi alma en el hades
el precio que pago el corazón:
desnudo, ciego y sin razón,
matando el pasar de las edades.