el angel de alas rotas
Poeta recién llegado
El infinito ser tirano,
El autoexilio,
La armadura que asegura
Al combatiente de inclemente espada.
Nada le perturba, nada le aqueja
Pues con su mano ahoga al que se duele,
A ese que le brillan las pupilas
Y las niñas le traicionan.
La maravillosa tiranía,
El frío que no se excita,
La soledad que termina por acostumbrarse
A mirarse en el espejo, en busca de compañía.
Ese tirano, ese opresor,
Emerge de un circuito intrincado,
Se asoma, hace gestos,
Agita los brazos, mientras el poeta espera en el abismo.
Ese tirano que se mueve a la velocidad de la luz y quita la propia,
Alimenta al insensible,
Al corazón que calla sus ecos,
Junto al destello de una irónica sonrisa
Que a diario baña el carmesí de unos labios malditos.
El autoexilio,
La armadura que asegura
Al combatiente de inclemente espada.
Nada le perturba, nada le aqueja
Pues con su mano ahoga al que se duele,
A ese que le brillan las pupilas
Y las niñas le traicionan.
La maravillosa tiranía,
El frío que no se excita,
La soledad que termina por acostumbrarse
A mirarse en el espejo, en busca de compañía.
Ese tirano, ese opresor,
Emerge de un circuito intrincado,
Se asoma, hace gestos,
Agita los brazos, mientras el poeta espera en el abismo.
Ese tirano que se mueve a la velocidad de la luz y quita la propia,
Alimenta al insensible,
Al corazón que calla sus ecos,
Junto al destello de una irónica sonrisa
Que a diario baña el carmesí de unos labios malditos.
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