Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Antuco y Dolores, romance y amores,
aquel la decencia y aquella impaciencia.
Antaño la urgencia de amar con candores
llenó de sabores su dulce inocencia.
Avanza la vida y Dolores descuida
los dulces candores de Antuco señores.
De extraños amores Antuco se cuida
legando su vida a su amada Dolores.
Aquella se aleja y aquel la corteja,
Dolores regresa y Antuco la besa.
Perdió la cabeza en aquella madeja,
esclavo se deja y la vuelve princesa.
La viste de encaje y que nunca trabaje,
le brinda comida, buen techo y dormida.
De tal consentida el Antuco es el paje
que no tiene traje y le da buena vida.
Desde ese momento se vuelve tormento
la dama que antaño jamás le hizo daño
y al no ver engaño se pone contento,
la espalda va al viento y el pecho al regaño.
Dolores lo cansa pero esa esperanza
que un día su amada lo vea enamorada,
no da peso a nada y Antuco descansa
soñando una mansa paloma en su amada.
Un día despierta Dolores incierta
y piensa en la vida que al paso descuida.
Aquel que la cuida de viva y no muerta
le ofrece su puerta, comida y dormida.
En ese momento se acaba el tormento.
Antuco regresa y Dolores lo besa.
De aquel su cabeza no entiende el momento,
sonríe contento y más nada interesa.
aquel la decencia y aquella impaciencia.
Antaño la urgencia de amar con candores
llenó de sabores su dulce inocencia.
Avanza la vida y Dolores descuida
los dulces candores de Antuco señores.
De extraños amores Antuco se cuida
legando su vida a su amada Dolores.
Aquella se aleja y aquel la corteja,
Dolores regresa y Antuco la besa.
Perdió la cabeza en aquella madeja,
esclavo se deja y la vuelve princesa.
La viste de encaje y que nunca trabaje,
le brinda comida, buen techo y dormida.
De tal consentida el Antuco es el paje
que no tiene traje y le da buena vida.
Desde ese momento se vuelve tormento
la dama que antaño jamás le hizo daño
y al no ver engaño se pone contento,
la espalda va al viento y el pecho al regaño.
Dolores lo cansa pero esa esperanza
que un día su amada lo vea enamorada,
no da peso a nada y Antuco descansa
soñando una mansa paloma en su amada.
Un día despierta Dolores incierta
y piensa en la vida que al paso descuida.
Aquel que la cuida de viva y no muerta
le ofrece su puerta, comida y dormida.
En ese momento se acaba el tormento.
Antuco regresa y Dolores lo besa.
De aquel su cabeza no entiende el momento,
sonríe contento y más nada interesa.
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