Estela Inés LOZA
Poeta recién llegado
Escuchó sólo esa palabra.
Triste, resistida, nunca esperada.
Alguien se la murmuró sin piedad,
y se metió imprudente y cruel,
sorprendiendo insensible
sus oídos despreocupados.
Y la luz genial de sus ojos
fue pasado en un instante.
El artista desquiciado del dolor
logró la veladura más perfecta,.
porque ese color de sol
no se resistió al pincel inevitable.
Los motores atentos del ser
detuvieron su rítmica marcha
en la memoria inconsciente.
Y el tormento del desconsuelo
se apoderó de su razón.
La impotencia estrujó su estómago,
le comprimió el cuerpo
y se quedó vacía y oscura
sin entrañas y sin huesos.
Porque el poder infinito de esa palabra,
tan absurda y dolorosa,
le arrebató el alma
Y se llevó la luz genial de sus ojos
al lugar del sin retorno.
Esta vez la triste crónica
dejó de pertenecer
a los ajenos sin rostro y sin voz.
Esta vez fue injustamente cercana.
No tiene sentido.
Triste, resistida, nunca esperada.
Alguien se la murmuró sin piedad,
y se metió imprudente y cruel,
sorprendiendo insensible
sus oídos despreocupados.
Y la luz genial de sus ojos
fue pasado en un instante.
El artista desquiciado del dolor
logró la veladura más perfecta,.
porque ese color de sol
no se resistió al pincel inevitable.
Los motores atentos del ser
detuvieron su rítmica marcha
en la memoria inconsciente.
Y el tormento del desconsuelo
se apoderó de su razón.
La impotencia estrujó su estómago,
le comprimió el cuerpo
y se quedó vacía y oscura
sin entrañas y sin huesos.
Porque el poder infinito de esa palabra,
tan absurda y dolorosa,
le arrebató el alma
Y se llevó la luz genial de sus ojos
al lugar del sin retorno.
Esta vez la triste crónica
dejó de pertenecer
a los ajenos sin rostro y sin voz.
Esta vez fue injustamente cercana.
No tiene sentido.