Apágame
si alguna vez fui la luz de todos tus días.
Apágame
si el humo de no tenerte enciende una llama que me quema a escondidas.
Apágame
si entre algún verso, por un segundo, crees leerme entre líneas.
Apágame
para que la oscuridad me vea escribirte aunque nuestra luz ya no esté encendida.