Con la boca que bendices
a Dios en tus oraciones,
a diario también maldices
los múltiples apagones.
Y cuando ves los nubarrones
de la tarde en su agonía,
sé que se te antoja, María,
darle a Ortega en los cojones.
Y a la Rosario Murillo,
con sus versos decadentes,
romperle todos los dientes
y pisotearle el fundillo.
a Dios en tus oraciones,
a diario también maldices
los múltiples apagones.
Y cuando ves los nubarrones
de la tarde en su agonía,
sé que se te antoja, María,
darle a Ortega en los cojones.
Y a la Rosario Murillo,
con sus versos decadentes,
romperle todos los dientes
y pisotearle el fundillo.
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