Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Abrí la puerta y de tan ausente,
mi corazón no encontraba ni un aire que respirar.
Volví la mirada, atrás, me hice el indiferente,
pero de amor, no pude vencer mis ganas de volverme a mirar.
Estaba allí, en la pequeña ventana del espejo de enfrente,
detrás del humo de un cigarro sin apagar,
sentado sobre mis huesos, con esa tristeza sonriente
que un día descubrí en mis ojos, sobre dos pómulos sin rellenar.
Me besé, me quise. Creo que como casi siempre
porque siempre quise quererme, aunque a veces, todo me daba igual.
Me imaginé queriendo, al ver ese vestido estrecho, amarillo y verde
de quien un día también me quiso, colgando del brazo del sofá.
Me imaginé volviendo, besando, acariciando sus sueños con mi frente,
imaginé que bajo esa tela arrugada seguía respirando su piel de cristal.
Pero se me descosió el pulso. Recordé que no supe quererla porque no supe quererme,
que no supe cuidarme porque lo único que quería era poderla cuidar.
Recordé que solo cuando me abrazaba, la abrazaba tan fuerte
que solo esperaba su beso para poderla besar.
La recordé haciendo sus maletas, llenas de mis "para siempre"
atados a la coma de su "¿me quieres?" , Sin nunca un "te quiero" sin más.
La recordé, llorando, pero cuando se fue, aprendí a quererme,
demasiadas madrugadas más tarde, sin derecho ni siquiera a esperar
a que bajo alguna luna llena, de nuevo la encuentre,
me pare frente a ella, le diga un "te quiero", le invente un futuro y la lleve a volar
por ese cielo perfecto donde por saber quererme, la quiera tantas veces.
mi corazón no encontraba ni un aire que respirar.
Volví la mirada, atrás, me hice el indiferente,
pero de amor, no pude vencer mis ganas de volverme a mirar.
Estaba allí, en la pequeña ventana del espejo de enfrente,
detrás del humo de un cigarro sin apagar,
sentado sobre mis huesos, con esa tristeza sonriente
que un día descubrí en mis ojos, sobre dos pómulos sin rellenar.
Me besé, me quise. Creo que como casi siempre
porque siempre quise quererme, aunque a veces, todo me daba igual.
Me imaginé queriendo, al ver ese vestido estrecho, amarillo y verde
de quien un día también me quiso, colgando del brazo del sofá.
Me imaginé volviendo, besando, acariciando sus sueños con mi frente,
imaginé que bajo esa tela arrugada seguía respirando su piel de cristal.
Pero se me descosió el pulso. Recordé que no supe quererla porque no supe quererme,
que no supe cuidarme porque lo único que quería era poderla cuidar.
Recordé que solo cuando me abrazaba, la abrazaba tan fuerte
que solo esperaba su beso para poderla besar.
La recordé haciendo sus maletas, llenas de mis "para siempre"
atados a la coma de su "¿me quieres?" , Sin nunca un "te quiero" sin más.
La recordé, llorando, pero cuando se fue, aprendí a quererme,
demasiadas madrugadas más tarde, sin derecho ni siquiera a esperar
a que bajo alguna luna llena, de nuevo la encuentre,
me pare frente a ella, le diga un "te quiero", le invente un futuro y la lleve a volar
por ese cielo perfecto donde por saber quererme, la quiera tantas veces.
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