Umbriel
En busca de un luga más cálido
A sumar aprendíamos
sobre la frontal pizarra,
mas estábamos restando.
Recitamos de memoria
de tantos mares sus nombres,
pero de su azul rugido,
sólo nos dieron silencio.
Ni del amor que desarma,
de tantos versos razón
ni de caricias del alma,
tuvimos nunca lección;
el mirar hipnotizado
del hombre ante su hoguera
a ce-o-dos se redujo
y su endiablado embrujo,
evocador de quimeras,
en combustión disecado,
sólo calor y luz era.
El pálpito delicado
de lo vivo, con inciertos
esqueletos han hurtado.
Con estrofa, rima y metro
convirtieron en oscuros
los más encendidos versos,
para sentirse seguros,
¡no fuese que aprendiésemos!
a saltar y burlar muros,
a detener el intenso
odio de los inseguros,
a abandonar el lecho
sin temor a ser impuros
y con el amor entero
a salvo de los conjuros
de tantos falsos maestros.
R.
sobre la frontal pizarra,
mas estábamos restando.
Recitamos de memoria
de tantos mares sus nombres,
pero de su azul rugido,
sólo nos dieron silencio.
Ni del amor que desarma,
de tantos versos razón
ni de caricias del alma,
tuvimos nunca lección;
el mirar hipnotizado
del hombre ante su hoguera
a ce-o-dos se redujo
y su endiablado embrujo,
evocador de quimeras,
en combustión disecado,
sólo calor y luz era.
El pálpito delicado
de lo vivo, con inciertos
esqueletos han hurtado.
Con estrofa, rima y metro
convirtieron en oscuros
los más encendidos versos,
para sentirse seguros,
¡no fuese que aprendiésemos!
a saltar y burlar muros,
a detener el intenso
odio de los inseguros,
a abandonar el lecho
sin temor a ser impuros
y con el amor entero
a salvo de los conjuros
de tantos falsos maestros.
R.