pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Él, era un niño de cuarenta
y yo, con treinta su maestra,
él, vivía a paso lento, tranquilo
sin pensar en el tiempo,
yo, la vivía corriendo
y luchando contra tormentos.
Inocente sin aspiración
con una mirada me revolucionó,
llena de incognitas no respondidas
el juego entre los dos se inició.
Fue un juego entre sábanas
una batalla de piel a piel,
disfrazada de maestra
al final en él supe aprender.
Él, incrédulo ante el juego
a si mismo se desafió,
aprendiendo entre caricias
no solo mi cuerpo desnudó.
Nunca fui maestra en su colchón
con ternura una maestría me dió,
mientras yo me hundía en un foso
rindiendo homenaje forzoso
a quien no me supo querer.
Él, me amó libre sabiendo
que la batalla estaba perdida,
yo, luché por se leal
pero mi corazón me traicionaria.
Cuando mi señor me dejó herida
Dios susurró a mi corazón,
levanta y mira al rededor
ya no hay que tener temor.
Llegó el aprendiz a calmar las olas
en su mirada todo tomó sentido,
yo, solo le enseñé mi alma
pero él me enseño a ser yo.
Mi aprendiz es mi maestro
juntos aprendemos a amarnos
incluso en estos difíciles tiempos
que nos toca separarnos.
y yo, con treinta su maestra,
él, vivía a paso lento, tranquilo
sin pensar en el tiempo,
yo, la vivía corriendo
y luchando contra tormentos.
Inocente sin aspiración
con una mirada me revolucionó,
llena de incognitas no respondidas
el juego entre los dos se inició.
Fue un juego entre sábanas
una batalla de piel a piel,
disfrazada de maestra
al final en él supe aprender.
Él, incrédulo ante el juego
a si mismo se desafió,
aprendiendo entre caricias
no solo mi cuerpo desnudó.
Nunca fui maestra en su colchón
con ternura una maestría me dió,
mientras yo me hundía en un foso
rindiendo homenaje forzoso
a quien no me supo querer.
Él, me amó libre sabiendo
que la batalla estaba perdida,
yo, luché por se leal
pero mi corazón me traicionaria.
Cuando mi señor me dejó herida
Dios susurró a mi corazón,
levanta y mira al rededor
ya no hay que tener temor.
Llegó el aprendiz a calmar las olas
en su mirada todo tomó sentido,
yo, solo le enseñé mi alma
pero él me enseño a ser yo.
Mi aprendiz es mi maestro
juntos aprendemos a amarnos
incluso en estos difíciles tiempos
que nos toca separarnos.
Última edición: