JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
Anoche perdí como siempre
el tren de la esperanza.
Yo te hablé con palabras
que sólo el alma entiende.
Es la tarde aliada
la que extiende con su capa
la dorada luz del crepúsculo.
Ví en tus ojos
el humano rostro del amor divino
cuando el ocaso hundió en la plaza
la última sombra de nuestras manos.
¿Porqué seguiré a tu lado
si no está hecho para los dos este camino?
Desde lo alto del campanario
el rosario de las nueve
se inclina con pausa centenaria
sobre la cumbre de los montes.
Y en el poniente, un ángel lejano
apaga en silencio la candela del mundo.
La tierra acuesta sobre el cosmos
sus alas milenarias.
Y una música de esferas
se cierne en el bosque cuando duerme.
Cuando ya no estés conmigo
habrá otro atardecer
que me recordará el fuego incierto
que aviva apenas este crepúsculo.
Y entonces más que nunca
sentiré haberte perdido.
Te hablo con el corazón ahogado en tristeza.
Y con palabras de oración,
que son las únicas
que el alma entiende.
...
..
.
el tren de la esperanza.
Yo te hablé con palabras
que sólo el alma entiende.
Es la tarde aliada
la que extiende con su capa
la dorada luz del crepúsculo.
Ví en tus ojos
el humano rostro del amor divino
cuando el ocaso hundió en la plaza
la última sombra de nuestras manos.
¿Porqué seguiré a tu lado
si no está hecho para los dos este camino?
Desde lo alto del campanario
el rosario de las nueve
se inclina con pausa centenaria
sobre la cumbre de los montes.
Y en el poniente, un ángel lejano
apaga en silencio la candela del mundo.
La tierra acuesta sobre el cosmos
sus alas milenarias.
Y una música de esferas
se cierne en el bosque cuando duerme.
Cuando ya no estés conmigo
habrá otro atardecer
que me recordará el fuego incierto
que aviva apenas este crepúsculo.
Y entonces más que nunca
sentiré haberte perdido.
Te hablo con el corazón ahogado en tristeza.
Y con palabras de oración,
que son las únicas
que el alma entiende.
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