almacautiva
Poeta adicto al portal
Aquel calor no era un calor común
como el de las largas noches de verano
en la ciudad, era pesado, extenuante,
asfixiaba los suspiros y quemaba
las entrañas. Calor anaranjado y
jadeante.
Aquel frío no era frío sino miedo.
De que sin vida, estáticos quedaran
nuestros miembros, para siempre
inusitada quietud en las gargantas
congeladas. Azul castañeteo del morir
temblante.
Aquel dolor no parecía agudo
ni grave sonaban sus litros de
chillido interno, deseando de golpe
dualismos griegos de almas que desertan
y cuerpos dejan en el abandono del sufrir
punzante.
Este poema podría convertirse
en cualquier cosa excepto en un poema
de amor pero tú, y sólo tú sabes
si con clavos pinta
la descripción de aquel
instante.
En el que nos separamos
sin saber
si volveríamos a encontrarnos
alguna vez
más adelante.
como el de las largas noches de verano
en la ciudad, era pesado, extenuante,
asfixiaba los suspiros y quemaba
las entrañas. Calor anaranjado y
jadeante.
Aquel frío no era frío sino miedo.
De que sin vida, estáticos quedaran
nuestros miembros, para siempre
inusitada quietud en las gargantas
congeladas. Azul castañeteo del morir
temblante.
Aquel dolor no parecía agudo
ni grave sonaban sus litros de
chillido interno, deseando de golpe
dualismos griegos de almas que desertan
y cuerpos dejan en el abandono del sufrir
punzante.
Este poema podría convertirse
en cualquier cosa excepto en un poema
de amor pero tú, y sólo tú sabes
si con clavos pinta
la descripción de aquel
instante.
En el que nos separamos
sin saber
si volveríamos a encontrarnos
alguna vez
más adelante.