J.R. Olveira
Poeta recién llegado
Aquella noche,
tatuada en la memoria con el fuego de un adios,
nunca se desvanece; el tiempo no evapora
su perpetua sombra sin estrellas.
Mi esperanza sólo es
una losa sin nombre entre las zarzas
que brotan de tu ausencia;
intento gritar pero débil es mi voz
asfixiada entre los ecos del silencio.
La tarde expira en el ocaso,
y vuelve aquella noche;
aquella noche fría,
aquella noche lúgubre.
¡Aquella noche!
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