ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Aquella tarde
Un estremecimiento en tu mano
predijo la tarde de invierno
en que la yema de tus dedos
ansiaban la curva de sus piernas.
Ella ambicionaba un regalo
y tú sólo deseabas besarla,
recorrer el mapa de su piel,
sin prisas, subiendo poco
a poco por las medias de seda
cual carretera sinuosa
hasta llegar al destino deseado,
el encaje que abre
la puerta del ensueño.
Tú no podías escapar de las enredaderas
que te apresan en este mundo arisco,
pero ella presagiando tu camino perdido
te mostró la senda donde crecen las caricias,
ellas te rodearon con el aroma de nardos esplendentes.
Aquella tarde de invierno,
cuando caminaste el mapa de su piel,
fue como retornar a conquistar la memoria
de los años transcurridos.
Un estremecimiento en tu mano
predijo la tarde de invierno
en que la yema de tus dedos
ansiaban la curva de sus piernas.
Ella ambicionaba un regalo
y tú sólo deseabas besarla,
recorrer el mapa de su piel,
sin prisas, subiendo poco
a poco por las medias de seda
cual carretera sinuosa
hasta llegar al destino deseado,
el encaje que abre
la puerta del ensueño.
Tú no podías escapar de las enredaderas
que te apresan en este mundo arisco,
pero ella presagiando tu camino perdido
te mostró la senda donde crecen las caricias,
ellas te rodearon con el aroma de nardos esplendentes.
Aquella tarde de invierno,
cuando caminaste el mapa de su piel,
fue como retornar a conquistar la memoria
de los años transcurridos.