Gianna
Poeta fiel al portal
Cuán dulce aquella tarde;
Escuchando los ecos de tu vida,
En un breve silencio hallé tus labios,
Y mi boca de tu boca fue cautiva,
Y viciosa de tus brisas,
En ansia obligada del deseo,
Te ofrecí la gloria de un amor sin prisa
Cuán dulce aquella tarde;
En insinuante ritmo,
Balanceaba entre tu cuerpo mis caderas,
Tu reflejo varonil presumía tu entrega,
Y en cadente mensaje,
Encontraste mi ser en un suspiro,
Que cubriste con destellos de tu estrella
Melosos nuestros besos,
Renovaban cada caricia misma;
Cuán dulce aquella tarde enardecida,
Cubriendo de rocío mi sedienta piel,
Con lenguaje de miel,
Que brotaba en el silencio
De tus dulces pupilas
Adoro ese silencio,
Porque es tu amor quien habla;
Las caricias de tu alma
Revelan tus misterios
Sin pronunciar palabras;
Y te sentí tan mío,
Que te entregué mi cuerpo,
Y tú, me devolviste el alma
Escuchando los ecos de tu vida,
En un breve silencio hallé tus labios,
Y mi boca de tu boca fue cautiva,
Y viciosa de tus brisas,
En ansia obligada del deseo,
Te ofrecí la gloria de un amor sin prisa
Cuán dulce aquella tarde;
En insinuante ritmo,
Balanceaba entre tu cuerpo mis caderas,
Tu reflejo varonil presumía tu entrega,
Y en cadente mensaje,
Encontraste mi ser en un suspiro,
Que cubriste con destellos de tu estrella
Melosos nuestros besos,
Renovaban cada caricia misma;
Cuán dulce aquella tarde enardecida,
Cubriendo de rocío mi sedienta piel,
Con lenguaje de miel,
Que brotaba en el silencio
De tus dulces pupilas
Adoro ese silencio,
Porque es tu amor quien habla;
Las caricias de tu alma
Revelan tus misterios
Sin pronunciar palabras;
Y te sentí tan mío,
Que te entregué mi cuerpo,
Y tú, me devolviste el alma