Aquella tarde

pedro martín vidal pineda

mi encanto es la sonrisa
El cielo se oscureció aquel día,

Sentado en el sillón de mi sala,

Observó por detrás de la ventana,

El invierno llegó con fuerza.


Mi casa se convirtió en cueva,

Encender velas,

Y empiezo recordar los sueños

Las ilusiones juegan más y más

Cambia mis sueños por tu vida.


El tiempo y la lluvia juegan con el deseo

Habían pasado cuatro horas y seguía lloviendo,

Soñar con la libertad

y sueños de soledad

tengo un deseo en mi vacío

las plantas se alegran al recibir las bendiciones del cielo.


Después de que el silencio juega con mi mente,

abrir las puertas y el viento apagué las velas,

Mientras mi madre observaba las calles.

después de varias horas, por fin dejó de llover.
 
Última edición:
Aquella tarde,

Se oscureció muy rápidamente,

Sentado en el sillón de mi sala,

Pensando que este día hubiera acabado en un dos por tres.

Mi casa parecía cueva,

no podía ver bien,

Tuve que encender dos velas,

Para iluminar,

Para poder reflexionar,

Y empezó a llover,

Observo el reloj,

Habían pasado cuatro horas y seguía lloviendo fuerte.

Inundando las pistas y veredas y bañando las plantas que se alegran al recibir las bendiciones del cielo.

Después de reflexionar,

Apague las velas, abrir las puertas,

El viento rozó mi cuerpo y mi rostro,

Mientras mi madre miraba las calles.

Las veredas y pistas mojadas de agua,

Pasaban autos y Algunas personas buscaban movilidad

Otras corriendo con sus paraguas,

y otras se cubrían la cabeza con sus sombreros y libros,

pero siempre con una sonrisa en el rostro.

Observé otra vez el reloj y habían transcurrido quince minutos,

al fin dejo de llover,

estoy mirando el cielo las nubes se desvanecen,

ahora a coger la escoba para sacar el agua de mi patio.
Que bella manera de contar un hecho cotidiano repleto de poesía, me ha gustado el clima gris que sobrevuela el poema y luego la luz de repente al abrir la puerta. Un abrazo amigo Pedro. Paco.
 
Aquella tarde,

Se oscureció muy rápidamente,

Sentado en el sillón de mi sala,

Pensando que este día hubiera acabado en un dos por tres.

Mi casa parecía cueva,

no podía ver bien,

Tuve que encender dos velas,

Para iluminar,

Para poder reflexionar,

Y empezó a llover,

Observo el reloj,

Habían pasado cuatro horas y seguía lloviendo fuerte.

Inundando las pistas y veredas y bañando las plantas que se alegran al recibir las bendiciones del cielo.

Después de reflexionar,

Apague las velas, abrir las puertas,

El viento rozó mi cuerpo y mi rostro,

Mientras mi madre miraba las calles.

Las veredas y pistas mojadas de agua,

Pasaban autos y Algunas personas buscaban movilidad

Otras corriendo con sus paraguas,

y otras se cubrían la cabeza con sus sombreros y libros,

pero siempre con una sonrisa en el rostro.

Observé otra vez el reloj y habían transcurrido quince minutos,

al fin dejo de llover,

estoy mirando el cielo las nubes se desvanecen,

ahora a coger la escoba para sacar el agua de mi patio.

De los hechos diarios como la vida misma es donde nos inspiramos para hacer nuestra poesía, muy bonita manera de plasmar esos hechos estimado.

Saludos Sinceros

Rafael
 
A veces los pensamientos se extravían y nos quedamos ahí en silencio solo observando sin percatarnos que el tiempo sigue transcurriendo, un agrado leerle, saludos!
 

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