José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Aquella tarde que agonizante estaba,
cubierta por lluvia tormentosa,
recibí la llamada que anunciaba
tu partida inesperada y caprichosa.
Esa tarde escasa de color veía,
y con su frío mi calor quitaba,
ya la tristeza en el alma me decía,
que solitario con la pena me quedaba.
Fue imposible detener tu empeño,
lo recuerdo en mi amargo desconsuelo,
esfumáronse los ruegos como un sueño,
como gotas de agua por el suelo.
Al compás de tu marcha peregrina,
retumbaba el trueno tan severo,
y caían cual llamas purpurinas,
los rayos que alumbraban tu sendero.
Fue tan larga la noche y tan oscura,
que terminé sumido en mi amargura,
sentí que te adoraba con locura,
a pesar de dejarme entre la sombra.
El vagar por la vida te sirvió;
te diste cuenta que fue lo que perdiste,
solo encontraste una herida en tu desvío,
tan honda, como la que en mí abriste.
Hoy se agita tu mente con desvelo,
piensas quizás en regresar de nuevo,
pero al partir me cubriste con un velo,
y aunque pudiera quitármelo no debo.
cubierta por lluvia tormentosa,
recibí la llamada que anunciaba
tu partida inesperada y caprichosa.
Esa tarde escasa de color veía,
y con su frío mi calor quitaba,
ya la tristeza en el alma me decía,
que solitario con la pena me quedaba.
Fue imposible detener tu empeño,
lo recuerdo en mi amargo desconsuelo,
esfumáronse los ruegos como un sueño,
como gotas de agua por el suelo.
Al compás de tu marcha peregrina,
retumbaba el trueno tan severo,
y caían cual llamas purpurinas,
los rayos que alumbraban tu sendero.
Fue tan larga la noche y tan oscura,
que terminé sumido en mi amargura,
sentí que te adoraba con locura,
a pesar de dejarme entre la sombra.
El vagar por la vida te sirvió;
te diste cuenta que fue lo que perdiste,
solo encontraste una herida en tu desvío,
tan honda, como la que en mí abriste.
Hoy se agita tu mente con desvelo,
piensas quizás en regresar de nuevo,
pero al partir me cubriste con un velo,
y aunque pudiera quitármelo no debo.
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