José Antonio
Poeta recién llegado
Aquella triste mañana mi madre no despertó, la perdimos para siempre y con ella se llevo parte de nuestro corazón.
Tras recibir la noticia no tardamos en llegar, rotos por el dolor y derrotados por la indefensión.
Las palabras del doctor nos sonaron a un bombazo y aún nos quedo la duda si aún se podía hacer algo.
Ante aquella trágica noticia que perdíamos a nuestra madre, se nos rompió el corazón y nuestra impotencia fue grande.
Abandono este mundo sin poder decirnos nada, pero en la expresión de sus ojos si que pudimos ver, el amor que derrochaba.
Temerosos de nuestra flaqueza y ante esta cuchillada. por la vida en que vivió y sin poder hacer nada.
Con su fortaleza y en vida a todos nos protegió, pero en un momento de dolor, para ella todo acabo.
Ya nunca seria igual y empezamos a sufrir, quedándonos a todos la duda si en aquel coma profundo, aún nos podría oír.
Si pensaría en nosotros, si nos vería, y lo más terrible para todos...si sufriría.
Pero aquella llama de vida que tanto nos protegió a pesar de nuestro llanto pronto se languideció.
En aquel lapso de tiempo y abstracto para nosotros, nos envolvió la oscuridad en un vacío tenebroso.
La capacidad en el mutismo y la esencia de la nada en aquellos escasos minutos se apoderaron de nuestra alma .
Y pensamos que aquel tiempo fue injusto con nosotros, ¿que menos que una despedida?, que menos que ¡unas palabras?
No pudo ser así, el tiempo nos traiciono, se detuvo para ella y nos destrozo el corazón.
Apiñados como una piña sus cinco hijos velamos, los resquicios de sus suspiros y quedamos aletargados.
No dejamos de mirarla y la cubrimos de besos, anegando aquella sala de lagrimas y de lamentos.
En aquel lecho de muerte el sufrimiento era muy grande, e intentamos transmitirle que nunca hubo culpables.
Que para sus hijos fue todo, que siempre fue nuestro apoyo y con ella se llevaba una parte de nosotros.
Aquel templo para nosotros era solemne y frío y el ataúd de mi madre nos causaba escalofríos.
Con ella se fueron los sufrimientos que le acompañaron en vida, sus secretos, sus temores, su orgullo y sus pasiones, sus desengaños, ¡Cuantos desengaños! y lucha sufrida, y lo de cada uno de sus hijos, con sus tragedias y sus desdichas
Tras recibir la noticia no tardamos en llegar, rotos por el dolor y derrotados por la indefensión.
Las palabras del doctor nos sonaron a un bombazo y aún nos quedo la duda si aún se podía hacer algo.
Ante aquella trágica noticia que perdíamos a nuestra madre, se nos rompió el corazón y nuestra impotencia fue grande.
Abandono este mundo sin poder decirnos nada, pero en la expresión de sus ojos si que pudimos ver, el amor que derrochaba.
Temerosos de nuestra flaqueza y ante esta cuchillada. por la vida en que vivió y sin poder hacer nada.
Con su fortaleza y en vida a todos nos protegió, pero en un momento de dolor, para ella todo acabo.
Ya nunca seria igual y empezamos a sufrir, quedándonos a todos la duda si en aquel coma profundo, aún nos podría oír.
Si pensaría en nosotros, si nos vería, y lo más terrible para todos...si sufriría.
Pero aquella llama de vida que tanto nos protegió a pesar de nuestro llanto pronto se languideció.
En aquel lapso de tiempo y abstracto para nosotros, nos envolvió la oscuridad en un vacío tenebroso.
La capacidad en el mutismo y la esencia de la nada en aquellos escasos minutos se apoderaron de nuestra alma .
Y pensamos que aquel tiempo fue injusto con nosotros, ¿que menos que una despedida?, que menos que ¡unas palabras?
No pudo ser así, el tiempo nos traiciono, se detuvo para ella y nos destrozo el corazón.
Apiñados como una piña sus cinco hijos velamos, los resquicios de sus suspiros y quedamos aletargados.
No dejamos de mirarla y la cubrimos de besos, anegando aquella sala de lagrimas y de lamentos.
En aquel lecho de muerte el sufrimiento era muy grande, e intentamos transmitirle que nunca hubo culpables.
Que para sus hijos fue todo, que siempre fue nuestro apoyo y con ella se llevaba una parte de nosotros.
Aquel templo para nosotros era solemne y frío y el ataúd de mi madre nos causaba escalofríos.
Con ella se fueron los sufrimientos que le acompañaron en vida, sus secretos, sus temores, su orgullo y sus pasiones, sus desengaños, ¡Cuantos desengaños! y lucha sufrida, y lo de cada uno de sus hijos, con sus tragedias y sus desdichas