AQUELLAS TARDES...
Recordando con melancolía
una dulce melodía
escuchando con alegría
en la radio cualquier música que oía.
Aquellas tardes...
de meriendas y frutas
de pan con vino y azúcar
de una caricia al perro en la nuca.
Mi madre planchaba la ropa
y yo a su lado, le hablaba
mientras olía
el olor que desprendía
la ropa recién planchada.
Olía a limón recién mondado,
a membrillo y a almidón
recién almidonado.
Aquellas manos resecas
por el calor desprendido
tenían todo el brillo
de el canto de un joven grillo.
Cuando mi padre volvía
el fuego de la chimenea encendía,
me sentaba en su regazo,
me contaba cuentos y batallas
que yo escuchaba con todo gozo.
Mientras el fuego chispeaba
mi madre la cena cocinaba
tarareando una melodía
y yo de gusto moría.
Aquellas tardes...
Aquellas tardes tan recordadas
tan felices y deseadas,
aquellas tardes...
nunca jamás olvidadas.
Recordando con melancolía
una dulce melodía
escuchando con alegría
en la radio cualquier música que oía.
Aquellas tardes...
de meriendas y frutas
de pan con vino y azúcar
de una caricia al perro en la nuca.
Mi madre planchaba la ropa
y yo a su lado, le hablaba
mientras olía
el olor que desprendía
la ropa recién planchada.
Olía a limón recién mondado,
a membrillo y a almidón
recién almidonado.
Aquellas manos resecas
por el calor desprendido
tenían todo el brillo
de el canto de un joven grillo.
Cuando mi padre volvía
el fuego de la chimenea encendía,
me sentaba en su regazo,
me contaba cuentos y batallas
que yo escuchaba con todo gozo.
Mientras el fuego chispeaba
mi madre la cena cocinaba
tarareando una melodía
y yo de gusto moría.
Aquellas tardes...
Aquellas tardes tan recordadas
tan felices y deseadas,
aquellas tardes...
nunca jamás olvidadas.