Veía pasar sus ojos grandes,
atónitos y fugaces,
en completo maridaje
con aquel perfume acariciante
que envolvía aquella casa grande.
¡Oh, ese olor a maíz tierno y molido!
¡Oh, ese dulzor mezcla de fruta, de pan y flores!
¡Y aquellos ojos grandes!
que veía pasar fugaces
por sobre aquella mesa grande.
Aquella casa que conocí en mi infancia
con su aroma de fruta, de pan y flores
acogía feliz a los visitantes
en aquella mesa grande y generosa
por sobre la que pasaban aquellos ojos grandes.
Aquellos ojos grandes,
atónitos y fugaces,
que escapar no pudieron
de lo que fue nuestro amor un día:
ese dulzor mezcla de fruta, de pan y flores.
atónitos y fugaces,
en completo maridaje
con aquel perfume acariciante
que envolvía aquella casa grande.
¡Oh, ese olor a maíz tierno y molido!
¡Oh, ese dulzor mezcla de fruta, de pan y flores!
¡Y aquellos ojos grandes!
que veía pasar fugaces
por sobre aquella mesa grande.
Aquella casa que conocí en mi infancia
con su aroma de fruta, de pan y flores
acogía feliz a los visitantes
en aquella mesa grande y generosa
por sobre la que pasaban aquellos ojos grandes.
Aquellos ojos grandes,
atónitos y fugaces,
que escapar no pudieron
de lo que fue nuestro amor un día:
ese dulzor mezcla de fruta, de pan y flores.
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