kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
AQUELLOS POBRES OLVIDADOS
Los apéndices urbanos
suelen ser su casa tumba,
el duro asfalto su cama
y los cartones suspendidos
entre el cielo siempre frío
y la tos sucia del metro
su manta.
Cláxones, gritos y putas
preceden a la medianoche
blanqueada débilmente
por farolas tartamudas.
Mientras, el pobre olvidado
escupe a su propia sombra,
reniega del alma humana
destilando un llanto amargo.
—¡Yo también fui niño! ¡niño!
¡y mi madre!; mi mamita...—
farfulla entre cabezadas,
mitad locura y mitad sueño.
La escarcha del albor
atenaza su gesto
anestesia el dolor
de la brecha terminal
de un alma
picoteada por las gaviotas del vertedero.
Prendiendo con fuerza el cartón,
ya extinto de licor,
lo lanza a la acera
mientras murmura
acompasado de un lúgubre estertor:
—hasta nunca circo cruel
espero no volverte a ver.
Y como siempre
vuelve a amanecer.
Kalkbadan, 2009
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