Ricardo Lascano
Poeta recién llegado
Aquí las horas se detienen a veces
enhebrando un tapiz de tardes exiliadas.
Aquí nace la plegaria, de que vengas
con todos tus perfiles, de sombras, de misterio
de tu huella helada sobre mi barro,
sobre las calles tibias de mi pueblo
hacedor de esperanza,
de sabores que dejan las mañanas.
Aquí las cigarras traen en sus pechos
los perfumes de un otoño eterno.
Tu ya sabes, tú lo sabes.
Aquí la vida es el vuelo de tus ojos de neón,
el transcurrir del otro cielo que te han negado.
Y yo mantengo, entonces, la esperanza,
el río lleno de sueños,
para verte, para saber de qué color
fue la noche que olvidamos,
de qué forma hacían los crepúsculos
migraciones de luz sobre los patios.
Todos de la infancia, da la mía
de la tuya, que te espera
con la misma puesta de sol entre tus manos.
enhebrando un tapiz de tardes exiliadas.
Aquí nace la plegaria, de que vengas
con todos tus perfiles, de sombras, de misterio
de tu huella helada sobre mi barro,
sobre las calles tibias de mi pueblo
hacedor de esperanza,
de sabores que dejan las mañanas.
Aquí las cigarras traen en sus pechos
los perfumes de un otoño eterno.
Tu ya sabes, tú lo sabes.
Aquí la vida es el vuelo de tus ojos de neón,
el transcurrir del otro cielo que te han negado.
Y yo mantengo, entonces, la esperanza,
el río lleno de sueños,
para verte, para saber de qué color
fue la noche que olvidamos,
de qué forma hacían los crepúsculos
migraciones de luz sobre los patios.
Todos de la infancia, da la mía
de la tuya, que te espera
con la misma puesta de sol entre tus manos.