susoermida
Poeta recién llegado
Aquí no pasa nada salvo el viento
que mueve mi puerta sin intenciones claras.
A veces el viento tiene orejas
y escucha como le escucho
pero se va como una caballo a galope tendido.
La entrada de mi casa esta gastada por vendavales
que nada me dicen pero se empeñan pacientes
en molestarme cuando más tranquilo quiero estar.
Y es que mi casa esta al final de un pueblo
sombrío tendido sobre un olvido taciturno:
ese tacto original que proporciona el doloroso abandono.
De repente pasa entre mi vida y lo lamentable
de mi derrota sin darme cuenta que son siempre
los mismos vientos que consideran la burla de lo nuevo
soplando a los pies de mi puerta.
Aquí no pasa nada salvo el sol que ni pasa ni está,
solamente se asoma calienta con los presagios
y después, al anochecer, nos deja la alegría nocturna
de estar sin él para enfriarnos en conversaciones
nocturnas a la misma puerta por donde pasa el aire.
En realidad no se lo que quiero, si el ayer del viento
o el ahora del sol que nunca pasa igual en todos los meses
que pasan los calores que me dejan una tromba recelosa y desconfiada.
No sé, quizás por la puerta de mi ser pasen juntos
el viento y el sol y yo sigo siendo un angustioso desierto
con olas de desamparo, a los pies de la dudosa salida de mis calendarios.
que mueve mi puerta sin intenciones claras.
A veces el viento tiene orejas
y escucha como le escucho
pero se va como una caballo a galope tendido.
La entrada de mi casa esta gastada por vendavales
que nada me dicen pero se empeñan pacientes
en molestarme cuando más tranquilo quiero estar.
Y es que mi casa esta al final de un pueblo
sombrío tendido sobre un olvido taciturno:
ese tacto original que proporciona el doloroso abandono.
De repente pasa entre mi vida y lo lamentable
de mi derrota sin darme cuenta que son siempre
los mismos vientos que consideran la burla de lo nuevo
soplando a los pies de mi puerta.
Aquí no pasa nada salvo el sol que ni pasa ni está,
solamente se asoma calienta con los presagios
y después, al anochecer, nos deja la alegría nocturna
de estar sin él para enfriarnos en conversaciones
nocturnas a la misma puerta por donde pasa el aire.
En realidad no se lo que quiero, si el ayer del viento
o el ahora del sol que nunca pasa igual en todos los meses
que pasan los calores que me dejan una tromba recelosa y desconfiada.
No sé, quizás por la puerta de mi ser pasen juntos
el viento y el sol y yo sigo siendo un angustioso desierto
con olas de desamparo, a los pies de la dudosa salida de mis calendarios.